“El
ayuno… la mortificación de los sentidos, el dominio del cuerpo, confieren a la
oración una eficacia mayor, que el hombre descubre en sí mismo. Efectivamente,
descubre que es “diverso”, que es más “dueño de sí mismo”, que ha llegado a ser
interiormente libre. Y se da cuenta de ello en cuanto la conversión y el
encuentro con Dios, a través de la oración, fructifican en él.”
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