Como en
toda la tarea de la « nueva evangelización », para anunciar el Evangelio de la
esperanza es necesario también que se establezca un diálogo
interreligioso profundo e inteligente, en particular con el hebraísmo
y el islamismo. « Entendido como método y medio para un conocimiento y
enriquecimiento recíproco, no está en contraposición con la misión ad gentes; es más, tiene vínculos especiales
con ella y es una de sus expresiones ».(99) En el ejercicio de este
diálogo no se trata de dejarse llevar por una « mentalidad indiferentista,
ampliamente difundida, desgraciadamente, también entre cristianos, enraizada a
menudo en concepciones teológicas no correctas y marcada por un relativismo religioso
que termina por pensar que “una religión vale la otra” ».(100)
(Papa Juan Pablo II Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa).