Queridos jóvenes, Dios ha hecho al hombre para la alegría; podría decir que os ha hecho sobre todo a vosotros para
la alegría. Dios es alegría, y en la alegría de vivir hay un reflejo de la
alegría originaria que Dios experimentó al crear al hombre.
Difundid esta alegría.
Quisiera que esta tarde, entre nosotros, resonaran las palabras de Isaías:
«Consolad, consolad a mi pueblo (...). Hablad al corazón de Jerusalén y decidle
bien alto que ya ha terminado su esclavitud» (Is 40,
1-2). San Felipe Neri hizo realidad estas palabras: supo consolar a quien era
esclavo y prisionero de falsos maestros de vida, gritando que la verdadera
libertad está en Cristo y que sólo cuando el hombre acepta a Cristo en su
propia vida termina la esclavitud del pecado y de la muerte.