María,
inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios
realizó en ella. Ese cántico es la respuesta de la Virgen al misterio de la
Anunciación: el ángel la había invitado a alegrarse; ahora María expresa el
jubilo de su espíritu en Dios, su salvador. Su alegría nace de haber
experimentado personalmente la mirada benévola que Dios le dirigió a ella,
criatura pobre y sin influjo en la historia.
Con la expresión Magníficat, versión latina de una
palabra griega que tenía el mismo significado, se celebra la grandeza de Dios,
que con el anuncio del ángel revela su omnipotencia, superando las expectativas
y las esperanzas del pueblo de la alianza e incluso los más nobles deseos del
alma humana.