sábado, 1 de agosto de 2026

Dios ha hecho al hombre para la alegria

 

Queridos jóvenes, Dios ha hecho al hombre para la alegría; podría decir que os ha hecho sobre todo a vosotros para la alegría. Dios es alegría, y en la alegría de vivir hay un reflejo de la alegría originaria que Dios experimentó al crear al hombre.

Difundid esta alegría. Quisiera que esta tarde, entre nosotros, resonaran las palabras de Isaías: «Consolad, consolad a mi pueblo (...). Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha terminado su esclavitud» (Is 40, 1-2). San Felipe Neri hizo realidad estas palabras: supo consolar a quien era esclavo y prisionero de falsos maestros de vida, gritando que la verdadera libertad está en Cristo y que sólo cuando el hombre acepta a Cristo en su propia vida termina la esclavitud del pecado y de la muerte.

(DelEncuentro del Papa Juan Pablo II con los jóvenes de la diócesis de Roma en preparaciónpara la Jornada Mundial de la Juventud 6 de abril 1995)

viernes, 31 de julio de 2026

Decir Si a Cristo

 

“diciendo “sí” a Cristo decís “sí” a todos vuestros ideales más nobles. Le pido que reine en vuestros corazones y en la humanidad del nuevo siglo y milenio.

No tengáis miedo de entregaros a El. El os guiara os dará la fuerza para seguirlo todos los días y en cada situación.”

Juan PabloII XV Jornada Mundial de la Juventud Vigilia de oración – Tor Vergata, 19 deagosto de 2000

viernes, 24 de julio de 2026

El resplandor de la cruz y la cultura de la vida

 “Hoy nosotros nos encontramos también en medio de una lucha dramática entre la « cultura de la muerte » y la « cultura de la vida ». Sin embargo, esta oscuridad no eclipsa el resplandor de la Cruz; al contrario, resalta aún más nítida y luminosa y se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana.”

 

miércoles, 15 de julio de 2026

El derecho a la vida

 

La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. En efecto, es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios mismo, su autor y garante; y contradice las virtudes fundamentales de la justicia y de la caridad. « Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo ».52

Cada ser humano inocente es absolutamente igual a todos los demás en el derecho a la vida. Esta igualdad es la base de toda auténtica relación social que, para ser verdadera, debe fundamentarse sobre la verdad y la justicia, reconociendo y tutelando a cada hombre y a cada mujer como persona y no como una cosa de la que se puede disponer. Ante la norma moral que prohíbe la eliminación directa de un ser humano inocente « no hay privilegios ni excepciones para nadie. No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales ».53

(Papa JuanPablo II Ángelus 26 de marzo de 1995)


martes, 7 de julio de 2026

La vida humana es «sagrada»

 

La vida humana es un valor fundamental, enraizado en la dignidad misma del hombre, la única criatura que, a diferencia de todas las otras del mundo visible, es persona, ser corporal y, al mismo tiempo, espiritual, dotado de inteligencia y libertad, llamado a un destino inmortal y sobrenatural. Y esto vale para todo hombre y toda mujer, independientemente de su situación física, racial, social, económica y cultural. Vale para toda fase de la vida humana: para el hombre que ya ha nacido y para el que todavía está en el seno materno, para el sano y para el minusválido o el enfermo, para el joven y para el anciano. La vida humana es «sagrada»: ¡sólo Dios es Señor de ella! Toda brecha que se abre en el frente del pleno respeto a la vida es una mina colocada en los cimientos de la convivencia humana, de la sana democracia y de la paz verdadera.

(del Ángelus del Papa Juan Pablo II - 26 de marzode 1995)

lunes, 6 de julio de 2026

La humildad

 

La inclinación de la cabeza puede ser interpretada como un gesto de humillación y de resignación. La inclinación de la cabeza ante Dios es signo de humildad. Pero la humildad no se identifica con la humillación o resignación. No es igual que la pusilanimidad. Todo lo contrario. La humildad es sumisión creativa a la fuerza de la verdad y del amor. La humildad es rechazo de las apariencias y de la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza.

Nos lo recuerda también San Agustín que en un sermón dice así: "¿Quieres ser grande? Comienza por lo más pequeño. ¿Piensas construir un gran edificio que se eleve mucho? Piensa antes en el fundamento de la humildad" (San Agustín, Serm. 64, 2; PL 38, 441).

(delÁngelus del Papa Juan Pablo II del 4 de marzo de 1979)

sábado, 4 de julio de 2026

«Corazón de Jesús, víctima de los pecadores».

 Cor Iesu, victima peccatorum».

«Corazón de Jesús, víctima de los pecadores».

Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón nos recuerda que Jesús, según la palabra del Apóstol Pablo, "fue entregado por nuestros pecados" (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, "Dios le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.

En Él se cumplió de modo perfecto la figura del "cordero pascual", víctima ofrecida a Dios para que en el signo de su sangre fuesen librados de la muerte los primogénitos de los hebreos (cf. Ex 12, 21-27). Por tanto, justamente Juan Bautista reconoció en Él al verdadero "cordero de Dios" (Jn 1, 29): cordero inocente, que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirlo en las aguas saludables del Jordán (cf. Mt 3, 13-16 y paralelos); cordero manso, "al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda" (Is 53, 7), para que por su divino silencio quedase confundida la palabra soberbia de los hombres inicuos.