sábado, 4 de julio de 2026

«Corazón de Jesús, víctima de los pecadores».

 Cor Iesu, victima peccatorum».

«Corazón de Jesús, víctima de los pecadores».

Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón nos recuerda que Jesús, según la palabra del Apóstol Pablo, "fue entregado por nuestros pecados" (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, "Dios le hizo pecado por nosotros" (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.

En Él se cumplió de modo perfecto la figura del "cordero pascual", víctima ofrecida a Dios para que en el signo de su sangre fuesen librados de la muerte los primogénitos de los hebreos (cf. Ex 12, 21-27). Por tanto, justamente Juan Bautista reconoció en Él al verdadero "cordero de Dios" (Jn 1, 29): cordero inocente, que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirlo en las aguas saludables del Jordán (cf. Mt 3, 13-16 y paralelos); cordero manso, "al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda" (Is 53, 7), para que por su divino silencio quedase confundida la palabra soberbia de los hombres inicuos.

jueves, 25 de junio de 2026

"No permitáis que los poderosos arruinen al hombre",

 "No permitáis que los poderosos arruinen al hombre", escribía Volodymyr Monomach (+ 1125) en su libro "Enseñanza a los hijos". Son palabras que aún hoy conservan plenamente su validez.

En el siglo XX los regímenes totalitarios destruyeron enteras generaciones, porque minaron tres pilares de toda civilización auténticamente humana:  el reconocimiento de la autoridad divina, de la que brotan las orientaciones morales irrenunciables de la vida (cf. Ex 20, 1. 18); el respeto a la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26-27); y el deber de ejercer el poder al servicio de todo miembro de la sociedad sin excepciones, comenzando por los más débiles e indefensos.

El haber negado a Dios no ha hecho al hombre más libre. Al contrario, lo ha expuesto a diversas formas de esclavitud, rebajando la vocación del poder político al nivel de una fuerza bruta y opresiva.

(deldiscurso de Juan Pablo II en el Encuentro con políticos, intelectuales yempresario en el Palacio Presidencial de Kiev)

VIAJE APOSTÓLICO A UCRANIA
(23-27 DE JUNIO DE 2001)


lunes, 22 de junio de 2026

Una cultura sin verdad no es una garantía para la libertad

 

Una cultura sin verdad no es una garantía para la libertad, sino más bien un riesgo. Ya lo dije en otra ocasión:  "las exigencias de la verdad y la moralidad no menoscaban ni anulan nuestra libertad, sino que, por el contrario, le permiten crecer y la liberan de las amenazas que lleva en su interior" (Discurso a la III asamblea general de la Iglesia italiana en Palermo, 23 de noviembre de 1995, n. 3:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de diciembre de 1995, p. 7). En este sentido, sigue siendo perentoria la advertencia de Cristo:  "La verdad os hará libres" (Jn 8, 32)

(del Discurso de Juan Pablo II a los profesoresuniversitarios en el Jubileo de Profesorse Universitarios 2000)


Globalizar la solidaridad

 

Para que la solidaridad sea global, es necesario que tenga efectivamente en cuenta a todos los pueblos de las diversas regiones del mundo. Esto exige aún muchos esfuerzos y, sobre todo, sólidas garantías internacionales con respecto a las organizaciones humanitarias, frecuentemente alejadas, a pesar suyo, de las zonas de conflicto, puesto que ya no se les garantiza la seguridad y no se les asegura el derecho de prestar asistencia a las personas.

Globalizar la solidaridad requiere también trabajar en relación estrecha y constante con las organizaciones internacionales, garantes del derecho, para equilibrar de un modo nuevo las relaciones entre los países ricos y los países pobres, a fin de que se terminen las relaciones de asistencia en sentido único, que a menudo contribuyen a acentuar más el desequilibrio por un mecanismo de deuda permanente. Convendría, más bien, realizar una verdadera colaboración, fundada en relaciones recíprocas de igualdad, reconociendo el derecho de cada uno a gestionar efectivamente las opciones que atañen a su futuro.

(Juan PabloII en su Mensaje a los participantes en la XVII Asamblea General de CaritasInternacional)

jueves, 4 de junio de 2026

La Iglesia vive dela Eucaristia

 

"Ecclesia de Eucharistia vivit":  La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20)

 

 (de la Carta encíclica del Papa Juan Pablo II Ecclesia de Eucharistia)

lunes, 1 de junio de 2026

El Corazón de Cristo ¨”corazón nuevo”-

 

Para salvar al hombre, víctima de su misma desobediencia, Dios quiso darle un "corazón nuevo", fiel a su voluntad de amor (cf. Jr 31, 33; Ez 36, 26; Sal 50, 12). Este corazón es el Corazón de Cristo, la obra maestra del Espíritu Santo, que comenzó a latir en el seno virginal de María y fue traspasado por la lanza en la cruz, convirtiéndose de este modo, y para todos, en manantial inagotable de vida eterna. Ese Corazón es ahora prenda de esperanza para todo hombre.

 

(JuanPablo II Ángelus 23 de junio 2002)

viernes, 22 de mayo de 2026

Los siete dones del Espíritu Santo : El don del temor de Dios

 

El último, en orden de enumeración de estos dones, es el don del temor de Dios.

La Sagrada Escritura afirma que "Principio del saber, es el temor de Yahveh" (Sal 110/111, 10; Pr 1, 7). ¿Pero de qué temor se trata? No ciertamente de ese "miedo de Dios" que impulsa a evitar pensar o recordarse de Él, como de algo o de alguno que turba e inquieta. Este fue el estado de ánimo que, según la Biblia, impulsó a nuestros progenitores, después del pecado, a "ocultarse de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín" (Gn 3, 8); éste fue también el sentimiento del siervo infiel y malvado de la parábola evangélica, que escondió bajo tierra el talento recibido (cf. Mt 25, 18. 26).

Pero este concepto del temor-miedo no es el verdadero concepto de temor-don del Espíritu. Aquí se trata de algo mucho más noble y sublime; es el sentimiento sincero y trémulo que el hombre experimenta frente a la tremenda majestad de Dios, especialmente cuando reflexiona sobre las propias infidelidades y sobre el peligro de ser "encontrado falto de peso" (Dn 5, 27) en el juicio eterno, del que nadie puede escapar. El creyente se presenta y se pone ante Dios con el "espíritu contrito" y con el "corazón humillado" (cf. Sal 50/51, 19), sabiendo bien que debe atender a la propia salvación "con temor y temblor" (Flp 2, 12). Sin embargo, esto no significa miedo irracional, sino sentido de responsabilidad y de fidelidad a su ley.

(JuanPablo II, Ángelus, 11 de junio de 1989)