La
inclinación de la cabeza puede ser interpretada como un gesto de humillación y
de resignación. La inclinación de la cabeza ante Dios es signo de humildad.
Pero la humildad no se identifica con la humillación o resignación. No es igual
que la pusilanimidad. Todo lo contrario. La humildad es sumisión creativa a la
fuerza de la verdad y del amor. La humildad es rechazo de las apariencias y de
la superficialidad; es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es
condición de su grandeza.
Nos lo recuerda
también San Agustín que en un sermón dice así: "¿Quieres ser grande?
Comienza por lo más pequeño. ¿Piensas construir un gran edificio que se eleve
mucho? Piensa antes en el fundamento de la humildad" (San Agustín, Serm. 64, 2; PL 38,
441).
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