Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que
según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad
resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los
apóstoles extasiados para que lo « escuchen » (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el
momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la
Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz
es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace
alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando
testimonio de su amor por la humanidad « hasta el extremo » (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en
sacrificio.
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