La política requiere honradez y transparencia. El pueblo debe poder sentirse comprendido y protegido. Debe poder constatar que sus líderes trabajan para garantizarles un futuro mejor. Ojalá no suceda jamás que la gente, ante situaciones de creciente desigualdad social, se vea impulsada a añorar peligrosamente el pasado.
Quien asume la
responsabilidad de la gestión de la cosa pública no puede engañarse: ¡el pueblo no olvida! Del mismo modo
que sabe recordar con gratitud a quien se ha entregado con honradez al servicio
del bien común, así también transmite a sus hijos y nietos el descrédito amargo
hacia quien se ha aprovechado del poder para enriquecerse de modo fraudulento.
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