Una teología
que no ore, está destinada a esterilizarse, más aún, lo que es más dañoso, a
esterilizar el corazón de los fieles y de los futuros sacerdotes, arrojándoles
la sombra de la duda, de la incertidumbre, de la superficialidad. Todo esto
debe hacer reflexionar sobre la grave responsabilidad que tienen los teólogos
en la Iglesia, y sobre las tareas a que deben atenerse para hacer honor a su
nombre.
(Papa Juan PabloII en su discurso a los cardenales y a la Curia romana, 28 de junio de 1980)
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