Para que
la solidaridad sea global, es necesario que tenga efectivamente en cuenta a
todos los pueblos de las diversas regiones del mundo. Esto exige aún muchos
esfuerzos y, sobre todo, sólidas garantías internacionales con respecto a las
organizaciones humanitarias, frecuentemente alejadas, a pesar suyo, de las
zonas de conflicto, puesto que ya no se les garantiza la seguridad y no se les
asegura el derecho de prestar asistencia a las personas.
Globalizar la
solidaridad requiere también trabajar en relación estrecha y constante con las
organizaciones internacionales, garantes del derecho, para equilibrar de un
modo nuevo las relaciones entre los países ricos y los países pobres, a fin de
que se terminen las relaciones de asistencia en sentido único, que a menudo
contribuyen a acentuar más el desequilibrio por un mecanismo de deuda
permanente. Convendría, más bien, realizar una verdadera colaboración, fundada
en relaciones recíprocas de igualdad, reconociendo el derecho de cada uno a
gestionar efectivamente las opciones que atañen a su futuro.
(Juan PabloII en su Mensaje a los participantes en la XVII Asamblea General de CaritasInternacional)
No hay comentarios:
Publicar un comentario