"Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la
tierra; id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto
yo os he mandado" (Mt 28, 18-20). En estas palabras no hay sólo
—como es evidente— la reivindicación explícita de una autoridad soberana, sino
que se indica además, en el acto mismo en que es participada por los Apóstoles,
una ramificación suya en distintas, aun cuando coordinadas, funciones
espirituales. Efectivamente, si Cristo resucitado dice a los suyos que vayan y
recuerda lo que ya ha mandado, si les da la misión tanto de enseñar como de
bautizar, esto se explica porque El mismo, precisamente en virtud de la
potestad suma que le pertenece, posee en plenitud estos derechos y está
habilitado para ejercitar estas funciones, como Rey, Maestro y Sacerdote.”
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lunes, 21 de abril de 2014
domingo, 10 de abril de 2011
Rey de la verdad y el amor
Rey de la verdad y el amor “qué maravilloso es este Rey que renuncia a todos los signos del poder, a los instrumentos del dominio, a la fuerza y a la prepotencia, y desea reinar solamente con la fuerza de la verdad y del amor, con la fuerza de la convicción interior y del puro abandono. ¡Este Rey es realmente único! Cuánto debe desearlo el hombre de hoy, cansado de esos sistemas de ejercicio del poder, que en tantos lugares del globo no ahorran al hombre opresión y violencia. Son formas de poder que tratan de condicionar al hombre incluso en sus dimensiones más interiores, lo subordinan a sistemas ideológicos sin tener en cuenta si esos sistemas corresponden o no a sus convicciones, y hacen depender su vida cívica y social más de la aceptación de esos sistemas que no de los méritos efectivos de la persona.”
(Juan Pablo II Ángelus, Domingo 25 de noviembre de 1979 - Fiesta de Cristo Rey)
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