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lunes, 15 de diciembre de 2025

El pesado lastre de la deuda externa

 

A causa de su frágil potencial financiero y económico, hay naciones y regiones enteras del mundo que corren el peligro de quedar excluidas de una economía que se globaliza. Otras tienen mayores recursos, pero lamentablemente no pueden beneficiarse de ellos por diversos motivos: desórdenes, conflictos internos, carencia de estructuras adecuadas, degrado ambiental, corrupción extendida, criminalidad y otros muchos más. La globalización debe ir unida a la solidaridad. Por tanto, hay que asignar ayudas especiales que permitan a los Países que sólo con sus propias fuerzas no pueden entrar con éxito en el mercado global, la posibilidad de superar su actual situación de desventaja. Es algo que se les debe por justicia. En una auténtica «familia de Naciones», nadie puede quedar excluido; por el contrario, se ha de apoyar al más débil y frágil para que pueda desarrollar plenamente sus propias potencialidades

La cuestión de la deuda forma parte de un problema más amplio, que es la persistencia de la pobreza, a veces extrema, y el surgir de nuevas desigualdades que acompañan el proceso de globalización. Si el objetivo es una globalización sin dejar a nadie al margen, ya no se puede tolerar un mundo en el que viven al lado el acaudalado y el miserable, menesterosos carentes incluso de lo esencial y gente que despilfarra sin recato aquello que otros necesitan desesperadamente. Semejantes contrastes son una afrenta a la dignidad de la persona humana. No faltan ciertamente medios adecuados para eliminar la miseria, como la promoción de importantes inversiones sociales y productivas por parte de todas las instancias económicas mundiales. Lo cual requiere, sin embargo, que la Comunidad internacional se proponga actuar con la determinación política necesaria.

(del Mensaje del Papa Juan Pablo II para la celebración de la XXXIJornada Mundial de la Paz – 1 de enero de 1998 – “De la justicia de cada unonace la paz para todos”)


martes, 29 de diciembre de 2009

Valor cristiano de la caridad

“En primer lugar, me parece necesario buscar y concretar medidas que sean capaces de ayudar a los países menos desarrollados y endeudados a poder ser autosuficientes, o por lo menos ampliamente autosuficientes en el campo de la alimentación.
Quiero subrayar, además, el valor específicamente cristiano de la caridad. Este valor conduciría, especialmente en los casos de emergencia, a tomar decisiones políticas y económicas que no sean solamente dictadas por consideraciones de estricta justicia humana. sino inspiradas por una generosidad de orden superior: lo que los cristianos llaman amor al prójimo, expresión del amor a Dios. El Evangelio nos da a este respecto enseñanzas luminosas y ejemplos estimulantes. De este modo los aspectos técnicos estarán al servicio de una decisión política en el sentido más noble de la palabra.”