“Cristo Señor, antes de
morir, en los umbrales del misterio pascual, ora así: "Padre Santo, guarda
en tu nombre a éstos que me has dado, para que sean uno como nosotros".
Entonces pide de algún modo, quizás de un modo especial, también la unidad de
los esposos y de las familias. Ora por la unión de los discípulos, por la
unidad de la Iglesia; y San Pablo compara el misterio de la Iglesia con el
matrimonio (cf. Ef 5, 21-33). La Iglesia, por tanto, no sólo coloca el
matrimonio y la familia en un lugar especial dentro de sus afanes, sino que, en
cierto modo, considera también el matrimonio como preclara imagen suya. Colmada
del amor de Cristo-Esposo, que nos amó "hasta el extremo", la Iglesia
mira hacia los esposos, que se juran amor hasta la muerte, y considera como
tarea suya peculiar salvaguardar este amor, esta fidelidad y esta honestidad y
todos los bienes que nacen de ahí para la persona humana y para la sociedad. Es
precisamente la familia la que da la vida a la sociedad. Es en ella donde, a
través de la obra de la educación, se forma la estructura misma de la
humanidad, de cada hombre sobre la tierra.”
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lunes, 11 de marzo de 2013
sábado, 5 de noviembre de 2011
Los esposos colaboradores de Dios
“Al afirmar que los esposos, en cuanto padres, son colaboradores de Dios Creador en la concepción y generación de un nuevo ser humano, no nos referimos sólo al aspecto biológico; queremos subrayar más bien que en la paternidad y maternidad humanas Dios mismo está presente de un modo diverso de como lo está en cualquier otra generación "sobre la tierra".”
Beato Juan Pablo II Encíclica Evangelium Vitae, 43
Beato Juan Pablo II Encíclica Evangelium Vitae, 43
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