“Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús (cf. Mt 5, 3-12) se presentan como la “Carta magna” del
reino de los cielos, dado a los pobres de espíritu, a los afligidos, a los
humildes, a quienes tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a
los puros de corazón, a los artífices de paz, a los perseguidos por causa de la
justicia. Las bienaventuranzas no muestran sólo las exigencias del reino;
manifiestan ante todo la obra que Dios realiza en nosotros haciéndonos
semejantes a su Hijo (Rom 8,
29) y capaces de tener sus sentimientos (Flp 2, 5 ss.) de amor y de perdón (cf. Jn 13, 34-35; Col 3, 13).”