viernes, 12 de mayo de 2017

Una buena palabra

“Una palabra buena se dice pronto; sin embargo, a veces se nos hace difícil pronunciarla. Nos detiene el cansancio, nos distraen las preocupaciones, nos frena un sentimiento de frialdad o de indiferencia egoísta. Así sucede que pasamos al lado de personas a las cuales, aun conociéndolas, apenas les miramos el rostro y no nos damos cuenta de lo que frecuentemente están sufriendo por esa sutil, agotadora pena, que proviene de sentirse ignoradas. Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso e inmediatamente algo se despertaría en ellas: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento.”

jueves, 11 de mayo de 2017

Para ser un hogar una ciudad necesita un alma

“Las enormes concentraciones de gente crean problemas y necesidades especiales. Se necesita el esfuerzo personal y la colaboración leal de todos para hallar soluciones justas, de modo que todos los hombres, mujeres y niños puedan vivir dignamente y desarrollar al máximo sus potencialidades, sin tener que padecer carencia de educación, de vivienda, de empleo y de oportunidades culturales. Sobre todo, una ciudad, si quiere llegar a ser un verdadero hogar para todos los seres humanos que la habitan, necesita un alma. Vosotros, la gente, debéis proporcionarle esa alma. ¿Cómo podéis hacer esto? Amándoos unos a otros. El amor mutuo debe ser el distintivo de vuestras vidas. Jesucristo nos dice en el Evangelio: `"Amarás al prójimo como a ti mismo" (Mt 22, 39).” 

viernes, 5 de mayo de 2017

Ser discípulo de Cristo

"La parroquia  es la comunidad de los discípulos de Cristo…¡Ser discípulo de Cristo! ¡Seguir su llamada y su Evangelio!"


sábado, 29 de abril de 2017

Convertirnos en hijos de Dios

“Jesús, con su muerte, es Aquel que ha reunido en la unidad a todos los hijos de Dios que estaban dispersos (Jn 11, 51-52). Ahora, los "dispersos" son todos los hombres, en cuanto víctimas del maligno, que arrebata y dispersa (Jn 10, 12). Pero todos ellos pueden convertirse en "hijos de Dios", si acogen a Cristo y a su Palabra (Jn 1, 12; 1 Jn 5, 1). Y Cristo, reúne a la humanidad dispersa en otro templo, es decir, en su misma Persona, que revela al Padre y lleva a los hombres a la unión perfecta con Él (Jn 10, 30; 17, 21).”


jueves, 27 de abril de 2017

Libertad basada en la verdad

“La libertad, en todos sus aspectos, debe estar basada en la verdad. Deseo repetir aquí las palabras de Jesús: "Y la verdad os librará" (Jn 8, 32). Es, pues, mi deseo que vuestro sentido de la libertad pueda siempre ir de la mano con un profundo sentido de verdad y honestidad acerca de vosotros mismos y de las realidades de vuestra sociedad. Las realidades del pasado no pueden ser nunca un aceptable sucedáneo de las actuales responsabilidades para con el bien común de la sociedad en la que vivís y para con vuestros compatriotas. Al igual que la libertad, también la exigencia de justicia es una aspiración universal en el mundo actual. Ninguna institución ni organización puede hoy en día ser símbolo de libertad si. a la vez, no defiende también la exigencia de justicia, porque ambas son requerimientos esenciales del espíritu humano.”


martes, 25 de abril de 2017

Deberes de la Universidad catòlica

“…la Universidad Católica debe ser formadora de hombres realmente insignes por su saber, dispuestos a ejercer funciones comprometidas en la sociedad y a testimoniar su fe ante el mundo (cf. Gravissimum educationis, 10).”


miércoles, 22 de junio de 2016

Las bienaventuranzas la “Carta Magna” del reino de los cielos

“Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús (cf. Mt 5, 3-12) se presentan como la “Carta magna” del reino de los cielos, dado a los pobres de espíritu, a los afligidos, a los humildes, a quienes tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los puros de corazón, a los artífices de paz, a los perseguidos por causa de la justicia. Las bienaventuranzas no muestran sólo las exigencias del reino; manifiestan ante todo la obra que Dios realiza en nosotros haciéndonos semejantes a su Hijo (Rom 8, 29) y capaces de tener sus sentimientos (Flp 2, 5 ss.) de amor y de perdón (cf. Jn 13, 34-35; Col 3, 13).”