viernes, 2 de enero de 2026

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

 

Todo hombre vive y muere con cierta sensación de insaciabilidad de justicia porque el mundo no es capaz de satisfacer hasta el fondo a un ser creado a imagen de Dios, ni en lo profundo de la persona ni en los distintos aspectos de la vida humana. Y así, a través de este hambre de justicia el hombre se abre a Dios que “es la justicia misma”.

Jesús en el sermón de la montaña lo ha dicho de modo claro y conciso con estas palabras: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt 5, 6).

(de laAudiencia General del Papa Juan Pablo II del 8 de noviembre de 1978)

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