Por último, no podemos
dejar de recordar otro fenómeno que caracteriza la presente humanidad. Quizás
como nunca en su historia, la humanidad es cotidiana y profundamente atacada y
desquiciada por la conflictividad. Es éste un fenómeno pluriforme, que se distingue
del legítimo pluralismo de las mentalidades y de las iniciativas, y que se
manifiesta en el nefasto enfrentamiento entre personas, grupos, categorías,
naciones y bloques de naciones. Es un antagonismo que asume formas de
violencia, de terrorismo, de guerra. Una vez más, pero en proporciones mucho
más amplias, diversos sectores de la humanidad contemporánea, queriendo demostrar
su «omnipotencia», renuevan la necia experiencia de la construcción de la
«torre de Babel» (cf. Gn 11, 1-9), que, sin embargo, hace proliferar la
confusión, la lucha, la disgregación y la opresión. La familia humana se
encuentra así dramáticamente turbada y desgarrada en sí misma.
(de
la Exhortación apostólica Post-Sinodal Christifideles Laici del Papa Juan Pablo
II)
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