Un día Jesús le dijo a sor Faustina: "La humanidad
no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a la misericordia
divina" (Diario, p. 132). ¡La misericordia divina! Este es
el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo resucitado y que ofrece a
la humanidad, en el alba del tercer milenio.
(…)
Tú ardes del deseo de ser amado, y el que sintoniza con los sentimientos de tu corazón aprende a ser constructor de la nueva civilización del amor. Un simple acto de abandono basta para romper las barreras de la oscuridad y la tristeza, de la duda y la desesperación. Los rayos de tu misericordia divina devuelven la esperanza, de modo especial, al que se siente oprimido por el peso del pecado.
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