Pensamos en las
múltiples violaciones a las que hoy está sometida la persona humana. Cuando no es reconocido y amado en su dignidad de
imagen viviente de Dios (cf. Gn 1, 26), el ser humano queda expuesto a las formas
más humillantes y aberrantes de «instrumentalización», que lo convierten
miserablemente en esclavo del más fuerte. Y «el más fuerte» puede asumir
diversos nombres: ideología, poder económico, sistemas políticos inhumanos,
tecnocracia científica, avasallamiento por parte de los mass-media. De nuevo
nos encontramos frente a una multitud de personas, hermanos y hermanas
nuestras, cuyos derechos fundamentales son violados, también como consecuencia
de la excesiva tolerancia y hasta de la patente injusticia de ciertas leyes
civiles: el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a la casa y
al trabajo, el derecho a la familia y a la procreación responsable, el derecho
a la participación en la vida pública y política, el derecho a la libertad de
conciencia y de profesión de fe religiosa.
(dela Exhortación apostólica Post-Sinodal Christifideles Laici del Papa Juan PabloII)
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