martes, 16 de abril de 2024

Comunion y unión de sacerdotes, obispo y pueblo de Dios

 

La comunión de los sacerdotes entre sí y con el obispo, es la condición fundamental de la unión entre todo el Pueblo de Dios. Aquella construye su unidad en el pluralismo y en la solidaridad cristiana. La unión de los sacerdotes con el obispo debe convertirse en la fuente de la unión mutua entre los sacerdotes y los grupos de sacerdotes. Esta unión, en cuya base encontramos la conciencia de la grandeza de la propia misión, se expresa en el intercambio de servicios y experiencias, en la disponibilidad a colaborar, en la inserción en todas las actividades pastorales, sea en la parroquia o la catequesis o al dirigir la acción apostólica de los laicos..

 (del discurso de Juan Pablo II  al Clero de Roma, 9 de noviembre de 1978)

viernes, 12 de abril de 2024

Juan Pablo II a los jóvenes: Buscad, amad y testimoniad a Jesus (3 de 3)

 Testimoniad a Jesus

Dad testimonio de Jesús con vuestra fe valiente y vuestra inocencia.

Es inútil lamentarse de que los tiempos son malos. Como ya escribía San Pablo, hay que vencer el mal haciendo bien (cf. Rom 12, 21). El mundo estima y respeta la valentía de las ideas y la fuerza de la virtud. No tengáis miedo de rechazar palabras, gestos y actitudes no conformes con los ideales cristianos. Sed valientes para oponeros a todo lo que destruye vuestra inocencia o desflora la lozanía de vuestro amor a Cristo.

Buscar a Jesús, amarle, dar testimonio de El.

Sea éste vuestro afán; ésta es la consigna que os dejo.

Actuando así no sólo conservaréis en vuestra vida el gozo verdadero, sino que también reportaréis beneficio a la sociedad entera, que tiene necesidad de coherencia con el mensaje evangélico antes que nada.

(Juan Pablo II en elencuentro con los jóvenes en la Basílica de san Pedro 8 de noviembre de 1978)

Juan Pablo II a los jóvenes: Buscad, amad y testimoniad a Jesus (2 de 3)

 

Amad a Jesus!

Jesús no es una idea ni un sentimiento ni un recuerdo. Jesús es una "persona" viva siempre y presente entre nosotros.

Amad a Jesús presente en la Eucaristía. Está presente de modo sacrificial en la Santa Misa que renueva el Sacrificio de la cruz. Ir a Misa significa ir al Calvario para encontrarnos con El, nuestro Redentor.

Viene a nosotros en la santa comunión y queda presente en el sagrario de nuestras iglesias, porque El es nuestro amigo, amigo de todos, y desea ser especialmente amigo y fortaleza en el camino de vuestra vida de muchachos y jóvenes que tenéis tanta necesidad de confianza y amistad.

Amad a Jesús presente en la Iglesia a través de los sacerdotes; presente en la familia por medio de vuestros padres y de vuestros seres queridos.

Amad a Jesús presente especialmente en los que sufren del modo que sea: físicamente, moralmente, espiritualmente. Sea vuestro empeño y programa amar al prójimo descubriendo en él el rostro de Cristo.

(Juan Pablo II en elencuentro con los jóvenes en la Basílica de san Pedro 8 de noviembre de 1978)

Juan Pablo II a los jóvenes: Buscad, amad y testimoniad a Jesus (1 de 3)

 Buscad a Jesus

Hoy no podemos quedarnos en una fe cristiana superficial o de tipo sociológico; los tiempos han cambiado, bien lo sabéis. El aumento de la cultura, la influencia incesante de los mass-media, el conocer las vicisitudes humanas pasadas y presentes, el aumento de la sensibilidad y de la exigencia de certeza y claridad sobre las verdades fundamentales, la presencia masiva de concepciones ateas, agnósticas e incluso anticristianas en la sociedad y en la cultura, reclaman fe personal, es decir, buscada con ansia de verdad para vivirla luego integralmente.

Es necesario pues llegar a la convicción clara y cierta de la verdad de la propia fe cristiana, es decir, en primer lugar de la historicidad y divinidad de Cristo, y de la misión de la Iglesia que El quiso y fundó. Cuando se está verdaderamente convencido de que Jesús es el Verbo Encarnado y está siempre presente en la Iglesia, entonces se acepta plenamente su "palabra" porque es palabra divina que no engaña ni se contradice, y nos da el sentido único y verdadero de la vida y de la eternidad. En efecto, ¡El solo tiene palabras de vida eterna! ¡El solo es el camino, la verdad y la vida!

(Juan Pablo II en elencuentro con los jóvenes en la Basílica de san Pedro 8 de noviembre de 1978)

miércoles, 10 de abril de 2024

Orar para escuchar la voz del Espiritu divino

 

La Iglesia ora y quiere orar para escuchar la voz interior del Espíritu divino, a fin de que El mismo pueda hablar en nosotros y con nosotros, con los mismos gemidos inenarrables de toda la creación.

La Iglesia ora y quiere orar para responder a las necesidades que nacen de lo más profundo del hombre, que a veces está sumamente agobiado y acosado por las condiciones contingentes de la vida diaria, por todo lo que es temporal, la debilidad, el pecado, el abatimiento, y una vida que parece no tener sentido. La oración da sentido a toda la vida en cada momento y en cualquier circunstancia.

(Juan Pablo II en su discurso en el santuario mariano de laMentorella 29 de octubre de 1978)

sábado, 6 de abril de 2024

La misericordia divina – “segundo nombre” del amor

 

La misericordia divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: "Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un "segundo nombre" del amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón?

(dela Homilia de Juan Pablo II el Domingo 30 de abril de 2000 con ocasión de lacanonización de la beta Maria Faustina Kowalska)

martes, 2 de abril de 2024

Cristo es nuestra Pascua

 

En la gran Vigilia pascual, con gozo, que desemboca en el canto del Aleluya, la Iglesia celebra la noche del "nuevo éxodo" hacia la tierra prometida. Conmemora la noche santa, en la que el Señor resucitó, y vela en espera de su vuelta, cuando la Pascua llegue a su plenitud.

Tres símbolos caracterizan las tres partes de la liturgia de la Noche santísima que nos libera de la antigua condena y nos reúne como hermanos en el único pueblo del Señor: la luz, el agua y el pan. Signos que, recordando los sacramentos de la iniciación cristiana, traducen el sentido de la victoria de Cristo para nuestra salvación.

En todos predomina el simbolismo fundamental de la "noche iluminada", de la "noche vencida por el día", que canta la Vida que nace de la muerte y de la resurrección de Cristo: Él es nuestra Pascua (cf. 1 Co 5, 7); Él es la luz que ilumina el destino del hombre, liberándolo de las tinieblas del pecado.

Ante el día que avanza, resuena con fuerza la invitación del Apóstol a despojarse de las obras de las tinieblas para revestirse del Señor Jesús (cf. Rm 13, 12-14), para que la victoria de Cristo actúe cada vez más profundamente en nosotros, en espera de la Pascua eterna.

(de la Audiencia Generalde Juan Pablo II 3 de abril de 1996)