“Las enormes concentraciones de gente crean
problemas y necesidades especiales. Se necesita el esfuerzo personal y la
colaboración leal de todos para hallar soluciones justas, de modo que todos los
hombres, mujeres y niños puedan vivir dignamente y desarrollar al máximo sus
potencialidades, sin tener que padecer carencia de educación, de vivienda, de
empleo y de oportunidades culturales. Sobre todo, una ciudad, si quiere llegar
a ser un verdadero hogar para todos los seres humanos que la habitan, necesita
un alma. Vosotros, la gente, debéis proporcionarle esa alma. ¿Cómo podéis hacer
esto? Amándoos unos a otros. El amor mutuo debe ser el distintivo de vuestras
vidas. Jesucristo nos dice en el Evangelio: `"Amarás al prójimo como a ti
mismo" (Mt 22, 39).”
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