La vida humana es un valor fundamental, enraizado
en la dignidad misma del hombre, la única criatura que, a diferencia de todas
las otras del mundo visible, es persona, ser corporal y, al mismo tiempo,
espiritual, dotado de inteligencia y libertad, llamado a un destino inmortal y
sobrenatural. Y esto vale para todo hombre y toda mujer, independientemente de su situación física,
racial, social, económica y cultural. Vale para toda fase de la vida humana: para el hombre que ya ha nacido y para el que
todavía está en el seno materno, para el sano y para el minusválido o el
enfermo, para el joven y para el anciano. La vida humana es «sagrada»: ¡sólo Dios es Señor de ella! Toda brecha que se abre en el frente del pleno respeto a la
vida es una mina colocada en los cimientos de la convivencia humana, de la sana
democracia y de la paz verdadera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario