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viernes, 26 de octubre de 2012

El milagro de los milagros



 “Esto es lo que necesita el mundo de hoy: ver el milagro de los milagros como es el dedicarse a cuidar a los necesitados de la forma más desinteresada para vencer el individualismo egoísta; del modo más total para superar la mezquina parcialidad del cálculo y del oportunismo; de la manera más concreta, para no limitarse a la esterilidad de las buenas intenciones y de las bellas palabras; y también del modo más oculto —casi púdico, diría— para no enturbiar la sinceridad de la propia entrega con la ostentación, de que pueden ser maestros otros, pero no ciertamente los discípulos de Jesús. En efecto: el amor cristiano, según la célebre página paulina, "no es jactancioso, no se hincha; no es descortés, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad" (1 Cor 13, 4-6).”

domingo, 27 de junio de 2010

Sobre el dolor humano y las palabras de Cristo

“Cuando reflexionamos sobre la inmensidad del dolor humano, de ese dolor que está entre nosotros, en nuestras casas, en los hospitales, en las clínicas, por cualquier parte del mundo, entonces el significado de las palabras de Cristo: "Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos... (hermanos míos que sufren), a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40), resulta sumamente real. ¡Cómo se multiplica Cristo a través de estas palabras! ¡Cuán presente está en la historia de la humanidad! Y ¡cuántos hombres en el mundo "hacen algo por Él", incluso sin darse cuenta, sin saber siquiera que Él existe...!”

domingo, 17 de enero de 2010

La prueba que purifica

“Debemos detenernos ante el sufrimiento, ante el hombre que sufre, para volver a descubrir este vínculo esencial entre el "yo" humano mío y suyo. Debemos detenernos ante el hombre que sufre para testificarle y, en cuanto sea posible, testificar juntamente con él, toda la dignidad del sufrimiento, diría toda la majestad del sufrimiento. Debemos inclinar la cabeza ante los hermanos o hermanas que son débiles e indefensos, privados precisamente de lo que a nosotros se nos ha concedido y de lo que gozamos cada día.
Estos son sólo algunos aspectos de esa gran prueba que tanto cuesta al hombre, pero que al mismo tiempo lo purifica, como purifica a quien trata de solidarizarse con el otro, con el "yo" humano que sufre.
Cristo ha dicho: "Estaba enfermo y me visitasteis" (Mt 25, 36).”

martes, 5 de enero de 2010

Reconoced en todo enfermo al mismo Cristo

“Vosotros, los médicos católicos… estáis llamados, como creyentes, a dar testimonio de Cristo mediante las obras de caridad fraterna y el compromiso de promover la paz y la justicia, contribuyendo de forma eficaz a eliminar los motivos de sufrimiento que humillan y entristecen al hombre. Además, como médicos, es decir, como servidores de la vida, encontráis en el ejercicio de vuestra profesión una ocasión privilegiada para contribuir a la edificación de un mundo que corresponda cada vez más a la dignidad del ser humano. La medicina, entendida auténticamente, habla el lenguaje universal de la comunión, poniéndose a la escucha de todo hombre, sin distinción, y acogiendo a todos para aliviar los sufrimientos de cada uno”
[…]

“Reconoced en todo enfermo al mismo Cristo, colaborando con los que trabajan en la pastoral de los enfermos. A la aportación insustituible de vuestra profesionalidad añadid el "corazón", el único capaz de humanizar las instituciones. Vivificad el servicio con la oración constante a Dios, "que ama la vida" (Sb 11, 26), recordando siempre que la curación, en última instancia, viene del Altísimo (cf. Si 38, 1-2)”

(del Mensaje de Su Santidad Juan Pablo II a los participantes en la XXIII Asamblea Nacional Italiana de Médicos católicos)