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viernes, 7 de diciembre de 2012

Juan Pablo II: Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto


 “La Iglesia, que pone todo su empeño en promocionar cuanto pueda favorecer la defensa de la dignidad y progresivo perfeccionamiento del ser humano, que «es el primer camino que ella debe recorrer en el cumplimiento de su misión» (Redemptoris hominis, 14), promueve el valor de la democracia entendida como gestión participativa del Estado, a través de órganos específicos de representación y control, al servicio del bien común. Pero hay que tener presente que una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia (cf.Centesimus annus, 46)”

sábado, 4 de agosto de 2012

Valores y la dignidad de la persona


 “Para el futuro de la sociedad y el desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover.”

sábado, 28 de julio de 2012

La democracia es un ordenamiento y como tal un instrumento y no un fin


 “En realidad, la democracia no puede mitificarse convirtiéndola en un sustitutivo de la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un « ordenamiento » y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter « moral » no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Si hoy se percibe un consenso casi universal sobre el valor de la democracia, esto se considera un positivo « signo de los tiempos », como también el Magisterio de la Iglesia ha puesto de relieve varias veces. 88 Pero el valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve: fundamentales e imprescindibles son ciertamente la dignidad de cada persona humana, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar el « bien común » como fin y criterio regulador de la vida política.”