“La Iglesia, que pone
todo su empeño en promocionar cuanto pueda favorecer la defensa de la dignidad
y progresivo perfeccionamiento del ser humano, que «es el primer camino que
ella debe recorrer en el cumplimiento de su misión» (Redemptoris hominis,
14), promueve el valor de la democracia entendida como gestión participativa
del Estado, a través de órganos específicos de representación y control, al
servicio del bien común. Pero hay que tener presente que una democracia sin
valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto,
como demuestra la historia (cf.Centesimus annus,
46)”
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viernes, 7 de diciembre de 2012
sábado, 4 de agosto de 2012
Valores y la dignidad de la persona
“Para el futuro de la
sociedad y el desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo
la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que
derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de
la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y
ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo
reconocer, respetar y promover.”
sábado, 28 de julio de 2012
La democracia es un ordenamiento y como tal un instrumento y no un fin
“En realidad, la
democracia no puede mitificarse convirtiéndola en un sustitutivo de la
moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un «
ordenamiento » y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter « moral »
no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que,
como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de
la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Si hoy
se percibe un consenso casi universal sobre el valor de la democracia, esto se
considera un positivo « signo de los tiempos », como también el Magisterio de
la Iglesia ha puesto de relieve varias veces. 88 Pero el valor de la democracia
se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve: fundamentales e
imprescindibles son ciertamente la dignidad de cada persona humana, el respeto
de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar el « bien común
» como fin y criterio regulador de la vida política.”
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