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jueves, 26 de septiembre de 2024

Jesús es la garantía de nuestra esperanza.

 

El hombre no puede vivir sin esperanza; todos los hombres esperan en alguien y en algo. Pero, por desgracia, no faltan abundantes desilusiones y tal vez se asoma incluso el abismo de la desesperación. ¡Mas nosotros sabemos que Jesús Redentor, muerto, crucificado y resucitado gloriosamente, es nuestra esperanza! «Resucitó Cristo, mi esperanza».  Jesús nos dice que, a pesar de las dificultades de la vida, vale la pena comprometerse con voluntad tenaz y benéfica en la construcción y en el mejoramiento de la "ciudad terrena" con el ánimo siempre en tensión hacia la eterna. El cristiano se entrega generosamente a la realización concreta del bien común, vence el propio egoísmo con el sentido de la solidaridad y con el esfuerzo por la promoción de todo lo que sirve para la dignidad y la integridad de la persona humana. La Iglesia es una comunidad de "servidores", y cada cristiano debe sentirse llamado a hacer cada vez más bella, más unida, más justa la propia ciudad.

(Juan Pablo II en sudiscurso a la peregrinación comunitaria y oficial de la Archidiócesis deNapoles – 24 de marzo de 1979)

lunes, 2 de junio de 2014

Confiad en Maria

 “Quisiera decir a todos: confiad en María "reconciliadora de los pecadores". Ella os obtendrá, con su intercesión materna, que sepáis asimilar cada vez mejor los valores de la fe, de tal manera que podáis caminar, apoyados en la esperanza, hacia la edificación de una comunidad cada vez más profundamente penetrada por la fuerza unificadora del amor.”

viernes, 15 de noviembre de 2013

Caminar con fe y esperanza

 “Queridos jóvenes, me alegra vuestra presencia y os agradezco el haber animado el rezo del santo rosario mediante una reflexión previa sobre la encíclica Redemptor hominis. Cuando la escribí, al inicio de mi ministerio petrino, sentía profundamente la urgencia de impulsar a la Iglesia y a todos los hombres a caminar con fe y esperanza, porque Cristo es el centro de la historia. Con él, el hombre no debe temer, porque participa en su victoria sobre el mal y sobre la muerte. Por eso, el primer llamamiento que dirigí al mundo fue precisamente éste: «No tengáis miedo de abrir las puertas a Cristo». Estas palabras os las repito hoy a vosotros, jóvenes, esperanza de la Iglesia y de la humanidad, para que os guíen en vuestra vida y en el compromiso misionero entre vuestros coetáneos.”

lunes, 3 de diciembre de 2012

Estáis llamados a ser portadores de un mensaje de esperanza


 “Tenéis que ver a Cristo en los demás y dar a los otros a Cristo, ¡a Cristo que es la sola esperanza del mundo! En todas las circunstancias de la vida estáis llamados a ser portadores de un mensaje de esperanza, llamados, como dice San Pedro, a estar dispuestos a responder a quien quiera que os pidiere, "dar razón de vuestra esperanza" (1 Pe 3, 15). Con esta esperanza, con comprensión y amor, equipados con todos los principios de la fe católica, estaréis en grado de afrontar serenamente los acontecimientos de la vida diaria.”

lunes, 3 de enero de 2011

La esperanza en el “Continente de la esperanza”

“en ciertos lugares del “Continente de la esperanza”, esta misma esperanza corre el riesgo de desvanecerse, pues ella crece en el seno de las familias muchas de las cuales no pueden vivir normalmente, porque repercuten particularmente en ellas los resultados más negativos del desarrollo.”
(de la homilía del Santo Padre Juan Pablo II durante la Misa celebrada en Puebla de los Ángeles, 28 de enero de 1979)

martes, 8 de diciembre de 2009

In hora mortis meae voca me, et iube me venire ad te

“Encuentro una gran paz al pensar en el momento en el que el Señor me llame: ¡de vida a vida! Por eso, a menudo me viene a los labios, sin asomo de tristeza alguna, una oración que el sacerdote recita después de la celebración eucarística: In hora mortis meae voca me, et iube me venire ad te; en la hora de mi muerte llámame, y mándame ir a ti. Es la oración de la esperanza cristiana, que nada quita a la alegría de la hora presente, sino que pone el futuro en manos de la divina bondad.”