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viernes, 24 de julio de 2026

El resplandor de la cruz y la cultura de la vida

 “Hoy nosotros nos encontramos también en medio de una lucha dramática entre la « cultura de la muerte » y la « cultura de la vida ». Sin embargo, esta oscuridad no eclipsa el resplandor de la Cruz; al contrario, resalta aún más nítida y luminosa y se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana.”

 

viernes, 13 de septiembre de 2024

¿Qué sentido tiene la vida?

 

Y consiguientemente, ¿qué sentido tiene la historia humana?

Ciertamente es la pregunta más dramática y también la más noble, que califica verdaderamente al hombre en su naturaleza de persona inteligente y volitiva….. En efecto, el hombre no puede encerrarse en los límites del tiempo, en el círculo de la materia, en el nudo de una existencia inmanente y autosuficiente; puede intentar hacerlo; puede incluso afirmar con palabras y gestos que su patria es sólo el tiempo y que su casa es sólo el cuerpo. Pero en realidad la pregunta suprema lo agita, lo punza y lo atormenta. Es una pregunta que no se puede eliminar.

Sabemos cómo, por desgracia, gran parte del pensamiento moderno, ateo, agnóstico, secularizado, insiste en afirmar y enseñar que la pregunta suprema sería una enfermedad del hombre, una ilusión de género psicológico y sentimental, de la que es necesario curarse, afrontando valientemente el absurdo, la muerte, la nada.

Es una filosofía sutilmente peligrosa, porque sobre todo el joven, todavía frágil en su pensamiento, sacudido por las dolorosas vicisitudes de la historia pasada y presente, por la inestabilidad e incertidumbre del futuro, a veces traicionado en los afectos más íntimos, marginado, incomprendido, desocupado, puede sentirse empujado por esa filosofía a la evasión en la droga, en la violencia o en la desesperación.

Sólo Jesucristo es la respuesta adecuada y ultima a la pregunta suprema acerca del sentido de la vida y de la historia.

(del discurso de JuanPablo II a una representación del Ejercito Italiano 1 de marzo de 1979)

viernes, 5 de junio de 2020

No detenerse hasta llegar a la fuente de la vida


 “Yo os pido que ensanchéis el alma, que “no apoquéis los deseos”. Abríos al futuro. Arriesgaos como Teresa de Jesús, de quien no me resisto a citar estas palabras: “Importa mucho y el todo . . . una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar (a la fuente de la vida), venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo” (EIUSDEM, Camino de perfección, 35, 2).” VIAJE APOSTÓLICO A ESPAÑA (del discurso del Beato Juan Pablo II al pueblo de la Diócesis de Salamanca - Alba de Tormes , lunes 1 de noviembre de 1982)

viernes, 8 de diciembre de 2017

La vida es el primer don

“La vida es el primer don que Dios nos ha hecho y la primera riqueza de la que puede gozar el hombre. La Iglesia anuncia “el Evangelio de la Vida”. Y el Estado tiene precisamente como tarea primordial la tutela y la promoción de la vida humana.


jueves, 11 de mayo de 2017

Para ser un hogar una ciudad necesita un alma

“Las enormes concentraciones de gente crean problemas y necesidades especiales. Se necesita el esfuerzo personal y la colaboración leal de todos para hallar soluciones justas, de modo que todos los hombres, mujeres y niños puedan vivir dignamente y desarrollar al máximo sus potencialidades, sin tener que padecer carencia de educación, de vivienda, de empleo y de oportunidades culturales. Sobre todo, una ciudad, si quiere llegar a ser un verdadero hogar para todos los seres humanos que la habitan, necesita un alma. Vosotros, la gente, debéis proporcionarle esa alma. ¿Cómo podéis hacer esto? Amándoos unos a otros. El amor mutuo debe ser el distintivo de vuestras vidas. Jesucristo nos dice en el Evangelio: `"Amarás al prójimo como a ti mismo" (Mt 22, 39).” 

lunes, 7 de enero de 2013

El Evangelio es mensaje de vida


El Evangelio es mensaje de vida. El cristianismo lleva profundamente en todo su contenido el sentido del valor de la vida y del respeto a la vida. El amor de Dios, como Creador, se manifiesta en esto, que El es dador de vida. El amor de Dios, como Creador y Padre, se manifiesta en esto, que el hombre, creado a su imagen y semejanza como varón y mujer, ha sido hecho por El, desde el principio, su colaborador, colaborador del Creador en la obra de dar la vida. A esta tarea está unida una particular dignidad del hombre: la dignidad generativa, la dignidad del padre y de la madre, dignidad fundamental e insustituible en todo el orden de la vida humana: individual y social al mismo tiempo.

lunes, 20 de agosto de 2012

“Para ti quien soy yo”?


Pero para vosotros, ¿quién soy yo?". Todos nosotros conocemos ese momento, en el que no basta hablar de Jesús repitiendo lo que los otros han dicho, sino que hay que decir lo que uno piensa; no basta recoger una opinión, sino que es preciso dar testimonio, sentirse comprometido por el testimonio y después llegar hasta los extremos de las exigencias de ese compromiso. Los mejores amigos, seguidores, apóstoles de Cristo fueron siempre los que percibieron un día dentro de sí la pregunta definitiva, que no tiene vuelta de hoja, ante la cual todas las demás resultan secundarias y derivadas: "Para ti, ¿quién soy yo?". La vida, el destino, la historia presente y futura de un joven, depende de la respuesta nítida y sincera, sin retórica ni subterfugios, que puede dar a esa pregunta. Esa respuesta ha transformado ya la vida de muchos jóvenes.
Jóvenes, Cristo, Jesus

jueves, 12 de julio de 2012

Cristo sabe «lo que hay en el hombre»


 “Vosotros buscáis a Cristo porque él sabe «lo que hay en el hombre» (Jn 2, 25), especialmente en un joven, y sabe dar respuestas verdaderas a vuestras preguntas. Queridos jóvenes, es Cristo «el buscado», «el deseado que se hace encontrar», el que puede daros la autentica alegría. Una alegría que no desaparece nunca, porque esta destinada a continuar en la plenitud de la vida, mas allá de la muerte.”
Jóvenes, Cristo, vida, plenitud, JMJ, JMJ XI

viernes, 10 de febrero de 2012

La vida es un don y un desafío


 “La vida es un don que dura cierto período de tiempo, en el que cada uno de nosotros afronta el desafío que implica: el desafío de tener un objetivo, un destino, y luchar por él. Lo contrario sería pasar la vida de modo superficial, «perder» nuestra vida en la trivialidad; no descubrir nunca en nosotros mismos la capacidad del bien y de la solidaridad real y, por tanto, no descubrir nunca el camino que lleva a la felicidad verdadera.”

martes, 13 de diciembre de 2011

Acoger a Cristo

“En la vigilia del nuevo milenio, renuevo de corazón la invitación urgente a abrir de par en par las puertas a Cristo, el cual «a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). Acoger a Cristo significa recibir del Padre el mandato de vivir en el amor a él y a los hermanos, sintiéndose solidarios con todos, sin ninguna discriminación; significa creer que en la historia humana, a pesar de estar marcada por el mal y por el sufrimiento, la última palabra pertenece a la vida y al amor, porque Dios vino a habitar entre nosotros para que nosotros pudiésemos vivir en Él.”


jueves, 17 de noviembre de 2011

El Evangelio de la vida y la evangelización

“El evangelio de la vida exige claramente que la enseñanza acerca del valor inviolable de la vida humana, en todas sus fases y condiciones, se integre cada vez más en la evangelización. Las comunidades locales, las diócesis, las parroquias, las asociaciones y los movimientos no pueden dejar de ocuparse de un intenso compromiso en favor de la promoción y la defensa de la vida humana.”
(del discurso del Beato Juan Pablo II a los participantes en el III Congreso Mundial de los movimientos a favor de la vida - 3 de octubre de 1995)

jueves, 22 de septiembre de 2011

El derecho a la vida

“Si se rompe el derecho del hombre a la vida en el momento en que comienza a ser concebido dentro del seno materno, se ataca indirectamente todo el orden moral que sirve para asegurar los bienes inviolables del hombre. La vida ocupa entre estos el primer puesto. La Iglesia defiende el derecho a la vida, no sólo en consideración a la majestad del Creador que es el primer Dador de esta vida, sino también por respeto al bien esencial del hombre.”
PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA
(Beato Juan Pablo II – Homilìa Santa Misa en la Explanada del aeropuerto de Nowy Targ, Viernes 8 de junio de 1979)

sábado, 10 de septiembre de 2011

La inviolable sacralidad de la vida

“De la sacralidad de la vida deriva su carácter inviolable, inscrito desde el principio en el corazón del hombre, en su conciencia. La pregunta « ¿Qué has hecho? » (Gn 4, 10), con la que Dios se dirige a Caín después de que éste hubiera matado a su hermano Abel, presenta la experiencia de cada hombre: en lo profundo de su conciencia siempre es llamado a respetar el carácter inviolable de la vida —la suya y la de los demás—, como realidad que no le pertenece, porque es propiedad y don de Dios Creador y Padre. “




(Beato Juan Pablo II Encíclica Evangelium Vitae, 40)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Dios el único señor de la vida

“La vida del hombre proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. Por tanto, Dios es el único señor de esta vida: el hombre no puede disponer de ella “

(Beato Juan Pablo II Encíclica Evangelium Vitae, 39)

sábado, 27 de agosto de 2011

Las dimensiones divinas de la vida

“Si el hombre ama instintivamente la vida porque es un bien, este amor encuentra ulterior motivación y fuerza, nueva extensión y profundidad en las dimensiones divinas de este bien. En esta perspectiva, el amor que todo ser humano tiene por la vida no se reduce a la simple búsqueda de un espacio donde pueda realizarse a sí mismo y entrar en relación con los demás, sino que se desarrolla en la gozosa conciencia de poder hacer de la propia existencia el « lugar » de la manifestación de Dios, del encuentro y de la comunión con El. La vida que Jesús nos da no disminuye nuestra existencia en el tiempo, sino que la asume y conduce a su destino último: « Yo soy la resurrección y la vida...; todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás » (Jn 11, 25.26).”
(Beato Juan Pablo II - Encíclica Evangelium Vitae, 38)

sábado, 20 de agosto de 2011

Participar de la plenitud del amor de Dios

“La vida que el Hijo de Dios ha venido a dar a los hombres no se reduce a la mera existencia en el tiempo. La vida, que desde siempre está « en él » y es « la luz de los hombres » (Jn 1, 4), consiste en ser engendrados por Dios y participar de la plenitud de su amor: « A todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios » (Jn 1, 12-13).”

sábado, 6 de agosto de 2011

La vida es siempre un bien

“La vida es siempre un bien….¿Por qué la vida es un bien? La pregunta recorre toda la Biblia, y ya desde sus primeras páginas encuentra una respuesta eficaz y admirable. La vida que Dios da al hombre es original y diversa de la de las demás criaturas vivientes, ya que el hombre, aunque proveniente del polvo de la tierra (cf. Gn 2, 7; 3, 19; Jb 34, 15; Sal 103 102, 14; 104 103, 29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria (cf. Gn 1, 26-27; Sal 8, 6)….”.
“Lo afirma el libro del Génesis en el primer relato de la creación…”,
En el relato bíblico, la distinción entre el hombre y las demás criaturas se manifiesta sobre todo en el hecho de que sólo su creación se presenta como fruto de una especial decisión por parte de Dios, de una deliberación que establece un vínculo particular y específico con el Creador: « Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra » (Gn 1, 26). La vida que Dios ofrece al hombre es un don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura.
Israel se peguntará durante mucho tiempo sobre el sentido de este vínculo particular y específico del hombre con Dios. También el libro del Eclesiástico reconoce que Dios al crear a los hombres « los revistió de una fuerza como la suya, y los hizo a su imagen » (17, 3). Con esto el autor sagrado manifiesta no sólo su dominio sobre el mundo, sino también las facultades espirituales más características del hombre, como la razón, el discernimiento del bien y del mal, la voluntad libre: « De saber e inteligencia los llenó, les enseñó el bien y el mal » (Si 17, 6). La capacidad de conocer la verdad y la libertad son prerrogativas del hombre en cuanto creado a imagen de su Creador, el Dios verdadero y justo (cf. Dt 32, 4). Sólo el hombre, entre todas las criaturas visibles, tiene « capacidad para conocer y amar a su Creador ».24 La vida que Dios da al hombre es mucho más que un existir en el tiempo. Es tensión hacia una plenitud de vida, es germen de un existencia que supera los mismos límites del tiempo: « Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza » (Sb 2, 23).”
(Beato Juan Pablo II - Enciclica Evangelium vitae, 34)

sábado, 25 de junio de 2011

Sangre de Cristo fuerza y vida

“Es en la sangre de Cristo donde todos los hombres encuentran la fuerza para comprometerse en favor de la vida. Esta sangre es justamente el motivo más grande de esperanza, más aún, es el fundamento de la absoluta certeza de que según el designio divino la vida vencerá.”
(Beato Juan Pablo II Encíclica Evangelium vitae, 26)

martes, 21 de junio de 2011

Vivir dentro de la historia

“Tenemos el deber de vivir dentro de la historia, al lado de nuestros contemporáneos, compartiendo sus anhelos y esperanzas, porque el cristiano es, y debe ser, plenamente hombre de su tiempo. No se evade a otra dimensión, ignorando los dramas de su época, cerrando los ojos y el corazón a las inquietudes que impregnan su existencia. Al contrario, es un hombre que, aun sin ser de este mundo, está inmerso cada día en este mundo, dispuesto a acudir a donde haya un hermano a quien ayudar, una lágrima que enjugar, una petición de ayuda a la cual responder. En esto seremos juzgados.”

(del Mensaje del Beato Juan Pablo II a los jóvenes con ocasión de la XI Jornada Mundial de la Juventud - 26 de noviembre de 1995, solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, rey del universo)

miércoles, 23 de marzo de 2011

Dios es un amigo exigente

“Dios es un dulcísimo, pero también un exigentísimo amigo. Cuando se le encuentra, ya no es posible continuar viviendo como si no se le hubiese encontrado. Pide que se le siga no por los caminos que nosotros habíamos determinado recorrer, sino por los que Él ha señalado para nosotros. Se le da algo de la existencia, y poco a poco nos damos cuenta de que la está pidiendo toda.”
(de la Audiencia General del Papa Juan Pablo II Miércoles 29 de febrero de 1984)