De hecho, la problemática contemporánea del trabajo humano
(¿sólo la contemporánea, realmente?), en última instancia, no se reduce —me
perdonen todos los especialista,— ni a la técnica ni tanto menos a la economía,
sino a una categoría fundamental, a saber, a la categoría de la dignidad del trabajo, o sea, de la dignidad del hombre. La economía, la técnica y tantas otras
especialidades y disciplinas, tienen su razón de ser en esa única categoría
esencial. Si no se inspiran en ella y se forman fuera de la dignidad del
trabajo humano, están en error, son nocivas y van contra el hombre.