Como afirma el Concilio: « María ... habiendo entrado
íntimamente en la historia de la salvación ... mientras es predicada y honrada
atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre
».64 Por lo tanto, en cierto modo la fe de María, sobre la
base del testimonio apostólico de la Iglesia, se convierte sin cesar en la fe
del pueblo de Dios en camino: de las personas y comunidades, de los ambientes y
asambleas, y finalmente de los diversos grupos existentes en la Iglesia. Es una
fe que se transmite al mismo tiempo mediante el conocimiento y el corazón. Se
adquiere o se vuelve a adquirir constantemente mediante la oración. Por tanto «
también en su obra apostólica con razón la Iglesia mira hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen,
precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca también en los corazones de los fieles ».
(De la Carta Encíclica Redemptoris Mater del Papa Juan PabloII)