Una cultura sin verdad no es una garantía para la
libertad, sino más bien un riesgo. Ya lo dije en otra ocasión: "las
exigencias de la verdad y la moralidad no menoscaban ni anulan nuestra
libertad, sino que, por el contrario, le permiten crecer y la liberan de las
amenazas que lleva en su interior" (Discurso a la III asamblea general de la Iglesia
italiana en Palermo, 23 de noviembre de 1995, n. 3: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de diciembre de
1995, p. 7). En este sentido, sigue siendo perentoria la advertencia de
Cristo: "La verdad os hará libres" (Jn 8, 32)