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viernes, 31 de julio de 2026

Decir Si a Cristo

 

“diciendo “sí” a Cristo decís “sí” a todos vuestros ideales más nobles. Le pido que reine en vuestros corazones y en la humanidad del nuevo siglo y milenio.

No tengáis miedo de entregaros a El. El os guiara os dará la fuerza para seguirlo todos los días y en cada situación.”

Juan PabloII XV Jornada Mundial de la Juventud Vigilia de oración – Tor Vergata, 19 deagosto de 2000

viernes, 20 de diciembre de 2024

¿Quién es para mi Jesucristo?

 

¿Quién es realmente para mis pensamientos, para mi corazón, para mi actuación? ¿Cómo conozco yo, que soy cristiano y creo en El, y cómo trato de conocer al que confieso? ¿Hablo de El a los otros? ¿Doy testimonio de El, al menos ante los que están más cercanos a mí en la casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta? Esta es precisamente la pregunta de Adviento, y es preciso que, basándonos en ella, nos hagamos las referidas, ulteriores preguntas, para que profundicen en nuestra conciencia cristiana y nos preparen así a la venida del Señor.”

 

(de la Homilia de San Juan Pablo II en la parroquia romana dela Natividad de Nuestro Señor – 14 de diciembre de 1980)

lunes, 30 de junio de 2014

¿Quién es para mi Jesucristo?

¿Quién es realmente para mis pensamientos, para mi corazón, para mi actuación? ¿Cómo conozco yo, que soy cristiano y creo en El, y cómo trato de conocer al que confieso? ¿Hablo de El a los otros? ¿Doy testimonio de El, al menos ante los que están más cercanos a mí en la casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta? Esta es precisamente la pregunta de Adviento, y es preciso que, basándonos en ella, nos hagamos las referidas, ulteriores preguntas, para que profundicen en nuestra conciencia cristiana y nos preparen así a la venida del Señor.”


viernes, 8 de noviembre de 2013

Proclamación de Jesucristo

 “Al cabo de un siglo de extraordinario progreso, pero también de terribles tragedias humanas, la proclamación de Jesucristo —el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8)— no es sólo un deber de obediencia al mandato evangélico, sino también el único modo seguro de responder a la urgente necesidad de discernimiento moral y espiritual, sin el cual las personas y el mismo orden social se ven afectados por la arbitrariedad y la confusión.”

jueves, 9 de mayo de 2013

Proclamar a Jesucristo y su Evangelio

“Proclamar a Jesucristo y su Evangelio es la tarea fundamental que la Iglesia ha recibido de su Fundador y que Ella ha asumido desde el alba del primer Pentecostés. Los primeros cristianos fueron fieles `a la misión que el Señor Jesús les dio por medio cíe los Apóstoles: "Perseveraban en oír la enseñanza de los Apóstoles y en la unión, en la fracción del pan y en la oración" (Act 2, 42). Esto es lo que debe hacer hoy toda comunidad de creyentes: proclamar a Cristo y su Evangelio en comunión y en la fe apostólica, en la oración y en la celebración de la Eucaristía.”




martes, 26 de octubre de 2010

La presencia de Maria Madre del Salvador


“No se puede anunciar a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, sin hablar de la Virgen María, la Madre del Señor.
No se puede confesar la fe en la Encarnación sin recordar, como hace la Iglesia desde la antigüedad en el símbolo apostólico, que el Hijo de Dios “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María la Virgen”.
No se puede contemplar el misterio de la muerte salvadora de Cristo sin recordar que Jesús mismo, desde la cruz, nos la dio como Madre y nos la encomendó para que la acogiésemos entre los dones más preciosos que El mismo nos legaba.
Así, con el Evangelio de Jesús, la Iglesia recibe el anuncio de la presencia materna de María en la vida de los cristianos.”
(del Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II a los participantes en el VI Congreso Mariano Nacional de Venezuela - 13 de mayo de 1992

viernes, 18 de diciembre de 2009

Abrirse a Jesucristo

“El primer servicio que debe prestar la Iglesia a la causa de la justicia y de la paz, es invitar a los hombres a abrirse a Jesucristo. En El volverán a captar su dignidad esencial de hijos de Dios, formados a la imagen de Dios, dotados de posibilidades insospechadas que los capacitan para afrontar las tareas del momento, ligados los unos a los otros a través de una fraternidad que tiene sus raíces en la paternidad de Dios. En El llegarán a ser libres para un servicio responsable. ¡Que no tengan miedo! Jesucristo no es ni un extraño ni un competidor. No hace sombra a nada au­ténticamente humano, ya sea la per­sona o sus varios logros científicos y sociales.”