viernes, 30 de octubre de 2026

Nuestra reconciliación con Dios

Nuestra reconciliación con Dios, el retorno a la casa del Padre, se realiza mediante Cristo. Su pasión y muerte en la cruz se colocan entre cada una de las conciencias humanas, cada uno de los pecados humanos, y el infinito amor del Padre. Este amor, pronto aliviar y perdonar, no es otra cosa que la misericordia. Cada uno de nosotros en la conversión personal, en el arrepentimiento, en el firme propósito de la enmienda, finalmente en la confesión, acepta realizar una personal fatiga espiritual, que es prolongación y reverbero lejano de esa fatiga salvífica, que emprendió nuestro Redentor. He aquí cómo se expresa el Apóstol de la reconciliación con Dios: "A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en El fuéramos justicia de Dios" (2 Cor 5, 21). Por lo tanto emprendamos nuestro esfuerzo de conversión y de penitencia por El, con El y en El. Si no lo emprendemos, no somos dignos del nombre de Cristo, no somos dignos de la herencia de la redención.

"El que es de Cristo se ha hecho criatura nueva, y lo viejo pasó, se ha hecho nuevo. Mas todo esto viene de Dios, que por Cristo nos ha reconciliado consigo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5, 17-18).”

(Juan Pablo II - de la Homilía en la Visita pastoral a la parroquia romana de San Ignacio de Antioquia el domingo 16 de marzo de 1989)

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