“Las palabras del ángel Gabriel
en Nazaret: “Alégrate, llena de gracia” (Lc 1,28) iluminan también la
escena del Calvario. La Anunciación marca el inicio, la Cruz señala el
cumplimiento. En la Anunciación, María dona en su seno la naturaleza humana al
Hijo de Dios; al pie de la Cruz, en Juan, acoge en su corazón la humanidad
entera. Madre de Dios desde el primer instante de la Encarnación, Ella se
convierte en Madre de los hombres en los últimos instantes de la vida de su
Hijo Jesús. Ella, que está libre de pecado, “conoce” en el Calvario en su
propio ser el sufrimiento del pecado, que su Hijo carga sobre sí para salvar a
la humanidad. Al pie de la Cruz en la que está muriendo Aquél que ha concebido
con el “sí” de la Anunciación, María recibe de Él como una “segunda
anunciación”: «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!» (Jn 19,26).”
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martes, 16 de octubre de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
María, la Virgen del Calvario, de la Pascua y de la esperanza
“María es testigo del misterio del amor de Dios, que culmina
en la pasión y en la resurrección de Cristo. Y Ella es también el modelo de la
fidelidad y de la cooperación maternal en su entrega amorosa de la fe, de la
esperanza y del amor. Ella es la Virgen del Calvario en la noche del dolor, la
Virgen de la Pascua en la aurora del día sin ocaso de la resurrección de
Cristo. Por eso es la Virgen de la esperanza en la palabra y en las promesas de
su Hijo.”
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