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miércoles, 12 de septiembre de 2012

El Hijo-Verbo


 “Según el Evangelio de Juan, el Hijo-Verbo estaba en el principio en Dios, y el Verbo era Dios (cf. Jn 1, 1-2). El mismo concepto encontramos en la enseñanza apostólica. Efectivamente, leemos en la Carta a los Hebreos que Dios ha constituido al Hijo "heredero de todo, por quien también hizo los siglos. Este Hijo... es irradiación de su gloria y la impronta de su sustancia y el que con su poderosa palabra sustenta todas las cosas" (Heb 1, 2-3). Y Pablo, en la Carta a los Colosenses, escribe: "Él es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura" (Col 1, 15).
Así, pues, según la enseñanza apostólica, el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre porque es el Dios-Verbo. En este Verbo y por medio de Él todo ha sido hecho, ha sido creado el universo. Antes de la creación, antes del comienzo de "todas las cosas visibles e invisibles", el Verbo tiene en común con el Padre el Ser eterno y la Vida divina, siendo "la irradiación de su gloria y la impronta de su sustancia" (Heb 1, 3). En este Principio sin principio el Verbo es el Hijo, porque es eternamente engendrado por el Padre. El Nuevo Testamento nos revela este misterio para nosotros incomprensible de un Dios que es Uno y Trino: he aquí que en la ónticamente absoluta unidad de su esencia, Dios es eternamente y sin principio el Padre que engendra al Verbo, y es el Hijo, engendrado como Verbo del Padre.”

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La misión de Jesucristo de revelar al Padre


“La misión de Jesucristo de revelar al Padre, manifestándose a Sí mismo como Hijo, no carecía de dificultades. Efectivamente tenía que superar los obstáculos derivados de la mentalidad estrictamente monoteísta de los oyentes, que se había formado por medio de la enseñanza del Antiguo Testamento, en la fidelidad a la Tradición, la cual se remontaba a Abraham y a Moisés, y en la lucha contra el politeísmo. En los Evangelios, y especialmente en el de Juan, encontramos muchos indicios de esta dificultad que Jesucristo supo superar con habilidad, presentando con suma pedagogía signos de revelación a los que se dejaron abrir los discípulos bien dispuestos.”

miércoles, 29 de agosto de 2012

El Hijo, que vino al mundo para "revelar al Padre"


 “El Hijo, que vino al mundo para "revelar al Padre" tal como Él sólo lo conoce, se ha revelado simultáneamente a Sí mismo como Hijo, tal como es conocido sólo por el Padre. Esta revelación estaba sostenida por la conciencia con la que, ya en la adolescencia, Jesús hizo notar a María y a José "que debía ocuparse de las cosas de su Padre" (Cf. Lc 2, 49). Su palabra reveladora fue convalidada además por el testimonio del Padre, especialmente en circunstancias decisivas, como durante el bautismo en el Jordán, cuando los que estaban allí oyeron la voz misteriosa: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias" (Mt 3, 17), o como durante la transfiguración en el monte (Cf. Mc 9, 7 y par.)”.