martes, 8 de marzo de 2022

No confundir paz con pasividad

 

“Al ser la paz un signo concreto de la presencia del Reino de Dios en el mundo, que conoce situaciones cambiantes a través de la historia, debe inspirar, iluminar y apoyar los esfuerzos para construir la paz política y social. No ha de confundirse, por tanto, la paz con la pasividad o el conformismo y, mucho menos aún, con la calma que ilusoriamente se espera obtener con el solo empleo de la fuerza. Exige más bien un compromiso activo, serio y creativo por alcanzar nuevas metas de convivencia humana y de orden social, de respeto por la dignidad de los pueblos y los derechos inalienables de la persona.”

(del Discurso del Beato Juan Pablo II a un grupo deobispos de la Conferencia Episcopal colombiana en visita Ad limina – 25 de mayode 1996) 

jueves, 17 de febrero de 2022

El valor supremo de la paz

 

En un mundo como el nuestro, en el que intereses contrapuestos amenazan frecuentemente la estabilidad y la paz de las naciones, la labor del diplomático adquiere un destacado relieve en las relaciones internacionales, sea a nivel bilateral como multilateral. Si bien las decisiones últimas están en manos de los hombres de gobierno, la actividad del diplomático informando con veracidad y precisión, orientando hacia caminos de solución, creando puentes de diálogo, negociado y entendimiento, representa un instrumento insustituible en el orden internacional.

El valor supremo de la paz, de la que habéis de ser promotores convencidos, defensores infatigables y restauradores cuando sea el caso, estimo que ha de colocarse entre vuestras prioridades como profesionales de la diplomacia.

 

(del discurso de Juan Pablo II  a un grupo de funcionarios del Servicio Diplomático Latinoamericano, 31 de mayo de 1985)

viernes, 19 de noviembre de 2021

El poder destructor del pecado

 

Hoy se enfatiza mucho la dimensión social de cada pecado: no solo destruye el bien en los individuos, sino también en la comunidad de la Iglesia. La dimensión fundamental del mal y del pecado siempre es y será la «ofensa a Dios». Aun así, también es verdad que destruye la vida del espíritu y que es causa de la muerte moral no solo de los individuos, sino de sociedades enteras.  

(reflexiones Ejercicios espirituales Kalwaria Zebrzydowska julio 1977)

Karol Wojtyla/Juan Pablo II Estoy en tus manos Cuadernos personales 1962-2003, Planeta 2014

jueves, 18 de noviembre de 2021

No reconocer el pecado – la mayor tragedia

 La mayor tragedia del hombre es no reconocer el pecado (agnoscamus peccata…) De ahí el examen de conciencia. Por medio de este examen, la conciencia se convierte en santuario de nuestros regresos (como el hijo prodigo)

(Juan Pablo II Ejercicios espirituales, capilla de Santa Matilde, 8 al 14 de marzo de 1981)

martes, 16 de noviembre de 2021

Encontrarse con Cristo en persona

 

La vida de María Magdalena muestra cuán decisivo es para todo ser humano encontrarse personalmente con Cristo.

Es Cristo quien comprende el corazón del hombre. Es él quien puede colmar sus esperanzas y expectativas, y dar respuesta a las preocupaciones y a las dificultades que la humanidad actual afronta en su camino diario.

(Juan Pablo II Ángelus 22de julio de 2001)

jueves, 11 de noviembre de 2021

Cristo y la oración

 

 En la comunidad de oración, Cristo está realmente presente: reza "en nosotros", "con nosotros" y "por nosotros".


(Juan Pablo II Carta Enciclica Ut Unum Sint, 22 sobre el empeño ecuménico) 

 

sábado, 6 de noviembre de 2021

El mandato misionero

 

Nunca como hoy la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio, con el testimonio y la palabra, a todos los hombres y a todos los pueblos. Veo amanecer una nueva época misionera, que llegará a ser un día radiante y rica en frutos, si todos los cristianos y, en particular, los misioneros y las jóvenes Iglesias responden con generosidad y santidad a las solicitaciones y desafíos de nuestro tiempo. Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con « María, la madre de Jesús » (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu.

(Juan Pablo II Carta Enciclica Redemptoris Missio, sobre la permanente validez del mandato misionero)