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domingo, 3 de agosto de 2014

La Divina Providencia y la ley natural

“Dios provee a los hombres de manera diversa respecto a los demás seres que no son personas: no desde fuera, mediante las leyes inmutables de la naturaleza física, sino desde dentro,mediante la razón que, conociendo con la luz natural la ley eterna de Dios, es por esto mismo capaz de indicar al hombre la justa dirección de su libre actuación 81. De esta manera, Dios llama al hombre a participar de su providencia, queriendo por medio del hombre mismo, o sea, a través de su cuidado razonable y responsable, dirigir el mundo: no sólo el mundo de la naturaleza, sino también el de las personas humanas. En este contexto, como expresión humana de la ley eterna de Dios, se sitúa la ley natural: «La criatura racional, entre todas las demás —afirma santo Tomás—, está sometida a la divina Providencia de una manera especial, ya que se hace partícipe de esa providencia, siendo providente para sí y para los demás. Participa, pues, de la razón eterna; ésta le inclina naturalmente a la acción y al fin debidos. Y semejante participación de la ley eterna en la criatura racional se llama ley natural» 82.”

miércoles, 29 de mayo de 2013

La Providencia divina y el destino del hombre

“La pregunta sobre el propio destino está muy viva en el corazón del hombre. Es una pregunta grande, difícil, y sin embargo, decisiva: "¿Qué será de mí mañana?". Existe el riesgo de que respuestas equivocadas conduzcan a formas de fatalismo, de desesperación, o también de orgullosa y ciega seguridad: "Insensato, esta misma noche te pedirán el alma", amonesta Dios (cf. Lc 12, 20). Pero precisamente aquí se manifiesta la inagotable gracia de la Providencia Divina. Es Jesús quien aporta una luz esencial. Él, realmente, hablando de la Providencia Divina, en el Sermón de la Montaña, termina con la siguiente exhortación: "Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura" (Mt 6, 33; también Lc 12, 31). En la última catequesis hemos reflexionado sobre la relación profunda que existe entre la Providencia de Dios y la libertad del hombre. Es justamente al hombre, ante todo al hombre, creado a imagen de Dios, a quien se dirigen las palabras sobre el reino de Dios y sobre la necesidad de buscarlo por encima de todo lo demás.”


miércoles, 24 de abril de 2013

La Divina Providencia y la libertad del hombre

“En el hombre y con el hombre, la acción de la Providencia alcanza una dimensión "histórica", en el sentido de que sigue el ritmo y se adapta a las leyes del desarrollo de la naturaleza humana, permaneciendo inmutada e inmutable en la soberana transcendencia de su ser que no experimenta mutaciones. La Providencia es una presencia eterna en la historia del hombre: de cada uno y de las comunidades. La historia de las naciones y de todo el género humano se desarrolla bajo el "ojo" de Dios y bajo su omnipotente acción. Si todo lo creado es "custodiado" y gobernado por la Providencia, la autoridad de Dios, llena de paternal solicitud, comporta, en relación a los seres racionales y libres, el pleno respeto a la libertad, que es expresión en el mundo creado de la imagen y semejanza con el mismo Ser divino, con la misma Libertad divina.”


miércoles, 17 de abril de 2013

Providencia Divina “Cosmos” vs “caos”

“La Sagrada Escritura en muchos pasajes alaba a la Providencia Divina como suprema autoridad del mundo, la cual, llena de solicitud por todas las criaturas, y especialmente por el hombre, se sirve de la fuerza eficiente de las causas creadas. Precisamente en esto se manifiesta la sabiduría creadora, de la que se puede decir que es soberanamente previsora, por analogía con una dote esencial de la prudencia humana. En efecto, Dios que transciende infinitamente todo lo que es creado, al mismo tiempo, hace que el mundo presente ese orden maravilloso, que se puede constatar, tanto en el macro-cosmos como en el micro-cosmos. Precisamente la Providencia, en cuanto Sabiduría transcendente del Creador, es la que hace que el mundo no sea "caos", sino "cosmos".”


miércoles, 27 de marzo de 2013

La Divina Providencia

“La Iglesia anuncia la Divina Providencia no por invención suya, aun cuando inspirada por pensamientos de humanidad, sino porque Dios se ha manifestado así, cuando ha revelado, en la historia de su pueblo, que su acción creadora y su intervención de salvación estaban indisolublemente unidas, formaban parte de un único plan proyectado en los siglos eternos. Así, pues, la Sagrada Escritura, en su conjunto se convierte en el documento supremo de la Divina Providencia, al manifestar la intervención de Dios en la naturaleza con la creación y aún más con la más maravillosa intervención, la redención, que nos hace criaturas nuevas en un mundo renovado por el amor de Dios en Cristo. Efectivamente, la Biblia habla de Providencia Divina en los capítulos sobre la creación y en los que más específicamente se refiere a la obra de la salvación, en el Génesis y en los Profetas, especialmente en Isaías, en los Salmos llamados de la creación y en las profundas meditaciones de Pablo sobre los inescrutables designios de Dios que actúa en la historia (Cfr. especialmente Efesios y Colosenses), en los Libros Sapienciales, tan atentos a encontrar la señal de Dios en el mundo, y en el Apocalipsis, que tiende totalmente a encontrar el sentido del mundo en Dios. Al final aparece que el concepto cristiano de Providencia no es simplemente un capítulo de la filosofía religiosa, sino que la fe responde a las grandes preguntas de Job y de cada uno de los hombres como él, con la visión completa de que, secundando los derechos de la razón, hace justicia a la razón misma dándole seguridad mediante las certezas más estables de la teología.”