¿Por qué tanta violencia hoy? Quizá es preciso buscar el origen en esas concepciones, en esos grupos que han proclamado e inculcado especialmente en la conciencia de los jóvenes, como ideal de vida: la lucha contra el otro, el odio contra quien piense u obre de manera distinta, la violencia como único medio para el progreso social o político. Pero la violencia engendra violencia; el odio engendra odio; y ambos humillan y envilecen a la persona humana. Los cristianos no pueden olvidar lo que nos recuerda el Concilio Vaticano II: "No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios y la relación del hombre para con los hombres, sus hermanos, están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: 'El que no ama, no conoce a Dios' (1 Jn 4, 8)" (Nostra aetate, 5).
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lunes, 29 de julio de 2024
viernes, 26 de julio de 2024
Los derechos del niño - El niño y la verdad (3 de 3)
El niño tiene derecho
asimismo a la verdad, dentro de una enseñanza que tenga en cuenta los valores
éticos fundamentales, y haga posible una educación espiritual de acuerdo con la
filiación religiosa del niño, la orientación que deseen legítimamente los
padres y las exigencias de una libertad de conciencia bien entendida, para la
que el joven debe ser preparado y formado a lo largo de toda la infancia y la
adolescencia. En este punto es normal que la Iglesia pueda hacer valer las
responsabilidades que le son propias.
Los derechos del niño - El niño y la familia (2 de 3)
El niño debe crecer
dentro de su familia puesto que los padres siguen siendo "sus primeros y
principales educadores", y "cuando la educación de los padres falta,
difícilmente puede suplirse" (Gravissimum educationis, 3). Ello es una
exigencia del ambiente de afecto y seguridad moral y material requerida por la
psicología del niño; hay que añadir que la procreación funda ese derecho
natural que es también "obligación grave" (Gravissimum educationis, 3). E incluso la
existencia de vínculos familiares más amplios con los hermanos y hermanas,
abuelos y otros familiares más próximos, es un elemento importante —que hoy día
se tiende a descuidar— para el equilibrio armónico del niño.
Los derechos del niño (1 de 3)
La Santa Sede piensa que
se puede hablar también de los derechos del niño ya desde el momento de ser
concebido y, sobre todo, del derecho a la vida, pues la experiencia nos
demuestra cada día más que ya antes del nacimiento el niño tiene necesidad de
protección especial de hecho y de derecho..
El niño tiene derecho a
nacer en una familia verdadera, pues es de importancia capital que se beneficie
ya desde el principio, de la aportación conjunta del padre y de la madre unidos
en matrimonio indisoluble.
sábado, 13 de julio de 2024
El bien común de la humanidad
Hay un bien común de la
humanidad en el que están en juego graves intereses que requieren la acción
concertada de los Gobiernos y de todos los hombres de buena voluntad: la
garantía de los derechos humanos, problemas de la alimentación, sanidad,
cultura, cooperación económica internacional, reducción de armamentos,
eliminación del racismo... ¡El bien común de la humanidad! Una "utopía"
que el pensamiento cristiano persigue sin cansarse, y que consiste en la
búsqueda incesante de soluciones justas y humanas, teniendo en cuenta a un
tiempo el bien de las personas y el bien de los Estados, los derechos de cada
uno y los derechos de los demás, los intereses particulares y las necesidades
generales.
En el bien común encuentran motivación no sólo
las enseñanzas sociales de la Sede Apostólica, sino también las iniciativas que
le resultan posibles en el marco del campo que le es propio…Bien vemos que la humanidad está dividida de muchas
maneras. Se trata también, y antes que nada, de divisiones ideológicas
vinculadas a sistemas estatales diferentes. La búsqueda de soluciones que
permitan a las sociedades humanas cumplir las propias tareas y vivir en
justicia, es quizá el signo principal de nuestro tiempo. Hay que respetar todo
lo que pueda favorecer esta gran causa, sea en el régimen que fuere. Hay que
sacar provecho de las experiencias mutuas. En contraposición a ello, no sería
posible transformar esta búsqueda multiforme de soluciones, en programas de
lucha para asegurarse el poder en el mundo, sea el que fuere el imperialismo
que encubra dicha lucha. Sólo en esta línea podemos conjurar la amenaza de las
armas modernas, sobre todo del armamento nuclear que sigue preocupando tanto al
mundo moderno.
La maternidad espiritual de Maria
Fue precisamente al pie
de la cruz, donde la maternidad espiritual de María llegó en cierto sentido a
su momento clave. «Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que
estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo» (Jn 19, 26).
Así vinculaba Jesús, de forma nueva, a María, su Madre, con el hombre; con el
hombre al que había entregado el Evangelio.
Jesús la vinculó entonces a cada hombre, como la
vincula después a la Iglesia, el día de su nacimiento histórico, es decir, el
día de Pentecostés. Desde ese día toda la Iglesia la tuvo como Madre, y todos
los hombres la tienen como Madre. Entienden las palabras pronunciadas desde lo
alto de la cruz como dirigidas a cada uno de ellos. La maternidad espiritual no
conoce límites; se extiende en el tiempo y en el espacio y llega a todos los
corazones humanos. Llega a todas las naciones y viene a ser piedra angular de
la cultura humana. Maternidad: realidad humana grande, espléndida, fundamental,
presente al comienzo de los tiempos en el plan del Creador, ratificada
solemnemente en el misterio del nacimiento de Dios, al que ahora ya permanece
inseparablemente unida.
(JuanPablo II en sus palabras a los jóvenes en la Basilica de San Pedro, 10 de enerode 1979)