El niño debe crecer
dentro de su familia puesto que los padres siguen siendo "sus primeros y
principales educadores", y "cuando la educación de los padres falta,
difícilmente puede suplirse" (Gravissimum educationis, 3). Ello es una
exigencia del ambiente de afecto y seguridad moral y material requerida por la
psicología del niño; hay que añadir que la procreación funda ese derecho
natural que es también "obligación grave" (Gravissimum educationis, 3). E incluso la
existencia de vínculos familiares más amplios con los hermanos y hermanas,
abuelos y otros familiares más próximos, es un elemento importante —que hoy día
se tiende a descuidar— para el equilibrio armónico del niño.
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