“Al hacerse hombre en su seno, por obra del
Espíritu Santo, Dios Hijo entró en la historia del hombre para llevar este
Espíritu a todo hombre y a la humanidad entera. La misión, cuyo comienzo bajo
el corazón de la Virgen de Nazaret estuvo impulsado por la potencia del
Altísimo, fue madurando durante todo el tiempo que estuvo oculto el Hijo de
Dios, y luego a través de la viva palabra de su Evangelio y a través del
sacrificio de la cruz y el testimonio de la resurrección, hasta aquel día en el Cenáculo…Era
ése el día en que, no sólo María, sino toda la Iglesia, todo el Pueblo de la
Nueva Alianza, recibía el Espíritu Santo y, junto con El, se hizo partícipe de
la misión de su Señor resucitado y del Único Ungido (Mesías). Obteniendo la
participación en su misión sacerdotal, profética y real, el Pueblo de Dios —es
decir, la Iglesia— se hizo totalmente misionero”
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jueves, 20 de marzo de 2014
jueves, 17 de octubre de 2013
La misión de Jesús y la misión del pueblo de Dios la Iglesia
“Al hacerse hombre en su seno, por obra del
Espíritu Santo, Dios Hijo entró en la historia del hombre para llevar este
Espíritu a todo hombre y a la humanidad entera. La misión, cuyo comienzo bajo
el corazón de la Virgen de Nazaret estuvo impulsado por la potencia del
Altísimo, fue madurando durante todo el tiempo que estuvo oculto el Hijo de
Dios, y luego a través de la viva palabra de su Evangelio y a través del
sacrificio de la cruz y el testimonio de la resurrección, hasta aquel día en el Cenáculo; testimonio que nos recuerda también la liturgia de
hoy. Era ése el día en que, no sólo María, sino toda la Iglesia, todo el Pueblo
de la Nueva Alianza, recibía el Espíritu Santo y, junto con El, se hizo
partícipe de la misión de su Señor resucitado y del Único Ungido (Mesías).
Obteniendo la participación en su misión sacerdotal, profética y real, el
Pueblo de Dios —es decir, la Iglesia— se hizo totalmente misionero.”
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domingo, 23 de mayo de 2010
La confirmación
“la venida del Espíritu Santo en la confirmación, con sus dones y frutos propios, tiene como objetivo específico la formación de cristianos maduros y responsables, así como lo fueron finalmente los Apóstoles a la salida del Cenáculo. Como en ellos también la madurez de los confirmados se expresa en el apostolado consciente y activo, como testimonio vigoroso del Señor resucitado y de su Evangelio. Y es aquí donde se funda, en último análisis, el necesario apostolado de los laicos en la Iglesia.”
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