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jueves, 20 de marzo de 2014

El Cenáculo y el Espíritu Santo

 “Al hacerse hombre en su seno, por obra del Espíritu Santo, Dios Hijo entró en la historia del hombre para llevar este Espíritu a todo hombre y a la humanidad entera. La misión, cuyo comienzo bajo el corazón de la Virgen de Nazaret estuvo impulsado por la potencia del Altísimo, fue madurando durante todo el tiempo que estuvo oculto el Hijo de Dios, y luego a través de la viva palabra de su Evangelio y a través del sacrificio de la cruz y el testimonio de la resurrección, hasta aquel día en el Cenáculo…Era ése el día en que, no sólo María, sino toda la Iglesia, todo el Pueblo de la Nueva Alianza, recibía el Espíritu Santo y, junto con El, se hizo partícipe de la misión de su Señor resucitado y del Único Ungido (Mesías). Obteniendo la participación en su misión sacerdotal, profética y real, el Pueblo de Dios —es decir, la Iglesia— se hizo totalmente misionero”

jueves, 17 de octubre de 2013

La misión de Jesús y la misión del pueblo de Dios la Iglesia

“Al hacerse hombre en su seno, por obra del Espíritu Santo, Dios Hijo entró en la historia del hombre para llevar este Espíritu a todo hombre y a la humanidad entera. La misión, cuyo comienzo bajo el corazón de la Virgen de Nazaret estuvo impulsado por la potencia del Altísimo, fue madurando durante todo el tiempo que estuvo oculto el Hijo de Dios, y luego a través de la viva palabra de su Evangelio y a través del sacrificio de la cruz y el testimonio de la resurrección, hasta aquel día en el Cenáculo; testimonio que nos recuerda también la liturgia de hoy. Era ése el día en que, no sólo María, sino toda la Iglesia, todo el Pueblo de la Nueva Alianza, recibía el Espíritu Santo y, junto con El, se hizo partícipe de la misión de su Señor resucitado y del Único Ungido (Mesías). Obteniendo la participación en su misión sacerdotal, profética y real, el Pueblo de Dios —es decir, la Iglesia— se hizo totalmente misionero.”

domingo, 23 de mayo de 2010

La confirmación

“la venida del Espíritu Santo en la confirmación, con sus dones y frutos propios, tiene como objetivo específico la formación de cristianos maduros y responsables, así como lo fueron finalmente los Apóstoles a la salida del Cenáculo. Como en ellos también la madurez de los confirmados se expresa en el apostolado consciente y activo, como testimonio vigoroso del Señor resucitado y de su Evangelio. Y es aquí donde se funda, en último análisis, el necesario apostolado de los laicos en la Iglesia.”