sábado, 24 de mayo de 2025

¡El hombre necesita de reconciliación!

 

Con el pecado quebrantó la amistad con Dios, y se encontró solo y desesperado, porque su destino no puede cumplirse fuera de esta amistad. Por esto aspira a la reconciliación, aún siendo incapaz de realizarla por sí. Efectivamente, con solas sus fuerzas no puede purificar el propio corazón, librarse del peso del pecado, abrirse al calor vivificante del amor de Dios.

El "alegre anuncio" que la fe nos trae es precisamente éste: Dios, en su bondad, ha salido al encuentro del hombre. Ha obrado, de una vez para siempre, la reconciliación de la humanidad consigo mismo, perdonando las culpas y creando en Cristo un hombre nuevo, puro y santo. San Pablo subraya la soberanía de esta acción divina cuando, al hablar de la nueva creación, declara: "Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo" (2 Cor 5, 18). Y añade: "Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados" (5, 19). Por lo cual, el Apóstol, con la conciencia de haber recibido de Dios el ministerio de la reconciliación, concluye con la exhortación apasionada: "Dejaos reconciliar con Dios" (5, 20

 

(de la Audiencia General de Juan Pablo II 13 de abril de1983)


jueves, 8 de mayo de 2025

La maternidad de Maria, Madre dela Iglesia

 

La maternidad de María no es solo individual. Tiene un valor colectivo que se manifiesta en el título de Madre de la Iglesia. Efectivamente, en el Calvario Ella se unió al sacrificio del Hijo que tendía a la formación de la Iglesia; su corazón materno compartió hasta el fondo la voluntad de Cristo de "reunir en uno todos los hijos de Dios que estaban dispersos" (Jn 11, 52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María mereció convertirse en la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre de su unidad. Por esto. el Concilio afirma que "la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, la venera, como a Madre amantísima, con afecto de piedad filial" (Lumen gentium, 53).

 

(Juan Pablo II Audiencia General 11 de mayo de1983)

La mediación de Maria

 

La maternidad de María en el orden de la gracia "continúa sin interrupción" hasta el fin del mundo, afirma el Concilio, que pone de relieve en particular la ayuda aportada por la Santísima Virgen a los hermanos de su Hijo en sus peligros y afanes (cf. Lumen gentium, 62). La mediación de María constituye una participación singular en la mediación única de Cristo, que, por lo mismo, no queda ofuscada ni en lo más mínimo, sino más bien queda como hecho central en toda la obra de la salvación.

(Juan Pablo II Audiencia General 11 de mayo de1983)


sábado, 3 de mayo de 2025

Fe y razon

 

La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo (cf. Ex 33, 18; Sal 27 [26], 8-9; 63 [62], 2-3; Jn 14, 8; 1 Jn 3, 2).

 

(Juan Pablo II – de la introducción a la Enciclica Fides et Ratio)

 

Los medios de comunicación y la verdad

 

“El encuentro entre la revelación divina y los modernos medios de comunicación social, cuando se realiza respetando la verdad de los contenidos bíblicos y usando correctamente los medios técnicos, da abundantes frutos. En efecto, por una parte, produce una elevación de los medios de comunicación a una de las funciones más nobles que, en cierto modo, los rescata de usos impropios y a veces banales; y, por otra, ofrece posibilidades nuevas y extraordinariamente eficaces de acercar al gran público a la palabra de Dios comunicada para la salvación de todos los hombres.”

 

(del discurso de Juan Pablo II a un Congreso Internacional sobrelenguaje bíblico y comunicación contemporánea – septiembre 1998)

jueves, 1 de mayo de 2025

La paz y el bien comun

 Para promover la paz, venciendo al mal con el bien, hay que tener muy en cuenta el bien común[5] y sus consecuencias sociales y políticas. En efecto, cuando se promueve el bien común en todas sus dimensiones, se promueve la paz. ¿Acaso puede realizarse plenamente la persona prescindiendo de su naturaleza social, es decir, de su ser « con » y « para » los otros? El bien común le concierne muy directamente. Concierne a todas las formas en que se realiza su carácter social: la familia, los grupos, las asociaciones, las ciudades, las regiones, los Estados, las comunidades de pueblos y de Naciones. De alguna manera, todos están implicados en el trabajo por el bien común, en la búsqueda constante del bien ajeno como si fuera el propio. Dicha responsabilidad compete particularmente a la autoridad política, a cada una en su nivel, porque está llamada a crear el conjunto de condiciones sociales que consientan y favorezcan en los hombres y mujeres el desarrollo integral de sus personas.[6]

(del Mensaje de Juan Pablo II para la XXXVIII Jornada Mundial de la Paz 1 de enero de 2005)


La paz se promueve con el bien

 

La paz es un bien que se promueve con el bien: es un bien para las personas, las familias, las Naciones de la tierra y para toda la humanidad; pero es un bien que se ha de custodiar y fomentar mediante iniciativas y obras buenas. Se comprende así la gran verdad de otra máxima de Pablo: « Sin devolver a nadie mal por mal » (Rm 12,17). El único modo para salir del círculo vicioso del mal por el mal es seguir la exhortación del Apóstol: « No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien » (Rm 12,21).

(del Mensaje de Juan Pablo II para la XXXVIII Jornada Mundialde la Paz 1 de enero de 2005)