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lunes, 22 de junio de 2026

Una cultura sin verdad no es una garantía para la libertad

 

Una cultura sin verdad no es una garantía para la libertad, sino más bien un riesgo. Ya lo dije en otra ocasión:  "las exigencias de la verdad y la moralidad no menoscaban ni anulan nuestra libertad, sino que, por el contrario, le permiten crecer y la liberan de las amenazas que lleva en su interior" (Discurso a la III asamblea general de la Iglesia italiana en Palermo, 23 de noviembre de 1995, n. 3:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de diciembre de 1995, p. 7). En este sentido, sigue siendo perentoria la advertencia de Cristo:  "La verdad os hará libres" (Jn 8, 32)

(del Discurso de Juan Pablo II a los profesoresuniversitarios en el Jubileo de Profesorse Universitarios 2000)


viernes, 15 de noviembre de 2024

Tarea de la ciencia biblica

 

Evidentemente toca a la ciencia bíblica y a sus métodos hermenéuticos establecer la distinción entre lo que es caduco y lo que debe conservar siempre su valor. Pero es ésta una operación que requiere sensibilidad aguda en extremo no sólo en el plano científico y teológico, sino también y sobre todo en el plano eclesial y de la vida.

Dos consecuencias se desprenden de todo ello, diferentes y complementarias a un tiempo.

La primera se refiere al gran valor de las culturas; si en la historia bíblica éstas ya fueron consideradas capaces de ser vehículos de la Palabra de Dios, es porque en ellas está inserto algo muy positivo que es ya presencia en germen del Logos divino. Del mismo modo, el anuncio de la Iglesia no teme servirse en la actualidad de expresiones culturales contemporáneas; así que a causa de cierta analogía con la humanidad de Cristo, aquéllas están llamadas, por así decir, a participar de la dignidad del mismo Verbo divino.

Pero hay que añadir en segundo lugar que del mismo modo se ve aflorar el carácter puramente instrumental de las culturas, sometidas siempre a fuertes cambios bajo la influencia de una evolución histórica muy marcada: "Sécase la hierba, marchítase la flor, cuando sobre ellas pasa el soplo de Yavé" (Is 40, 8). Determinar con precisión las relaciones existentes entre las variaciones de la cultura y la constante de la revelación es cabalmente la tarea ardua y a la mas entusiasmarte de los estudios bíblicos y de toda la vida de la Iglesia.

(del discurso de Juan Pablo II a la Asamblea plenaria de la Pontifica Comisión Bíblica – 26 de abril de 1979)

viernes, 19 de febrero de 2021

La cultura : bien esencial de las comunidades humanas

 

La cultura es la expresión del hombre, es la confirmación de la humanidad. El hombre la crea y, mediante ella, el hombre se crea a sí mismo. Se crea a sí mismo con el esfuerzo interior del espíritu, del pensamiento, de la voluntad, del corazón. Y, al mismo tiempo, crea la cultura en comunión con los otros. La cultura es la expresión del comunicar, del pensar juntos y del colaborar juntos de los hombres. Nace del servicio al bien común y se convierte en bien esencial de las comunidades humanas.  La cultura es sobre todo un bien común de la nación. […] es un bien sobre el que se apoya la vida espiritual […]. Nos distingue como nación. Decide sobre nosotros a lo largo de todo el curso de la historia, decide más todavía que la fuerza material. Mejor, más aún que las fronteras políticas.”

(Juan Pablo II en su discurso a los jóvenes, Gniezno 3 de junio de 1979)

PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA


martes, 3 de septiembre de 2019

Cultura y politica


La cultura es inseparable de la política, entendida como el arte del bien común, de la justa participación en los recursos, de la ordenada colaboración dentro de la libertad. La cultura tiene que ayudar a esta noble tarea política, sin dejar que nadie se apropie indebidamente de la cultura y que la instrumentalice para sus propias miras de poder.


(del Encuentro del Beato Juan Pablo II con el mundo de la cultura en la Iglesia de  «La Compañia» Quito, miércoles 30 de enero de 1985)

viernes, 5 de enero de 2018

Defended lo vuestro sin encerraros a los demás


 “Sé que tenéis sufrimientos…Defended, sí, vuestros bosques, vuestras tierras, vuestra cultura como algo que legítimamente os pertenece, pero sin olvidar la común condición de hijos de un mismo Dios, que repudia la violencia, la venganza, los odios. Ved en las otras razas, pueblos y gentes que comparten vuestro mismo cielo, ríos y bosques, lo que son de verdad: hermanos en Cristo, rescatados por su preciosa Sangre, llamados con vosotros a una convivencia en paz. Así también debéis ser apreciados vosotros por los demás: como hijos de Dios, miembros de la única Iglesia, hermanos entre hermanos.

Pero no podéis cerraros a los demás. Abrid las puertas a quienes se acercan a vosotros con un mensaje de paz y con las manos dispuestas a ayudaros. Entrad en comunicación con otras culturas y ámbitos más amplios, para enriqueceros mutuamente sin perder vuestra legítima identidad. Dejaos iluminar por el Evangelio que purifica y ennoblece vuestras tradiciones. No consideréis una pérdida el abandono de aquello que os alejaría de lo que Cristo enseña (Cf.. Matth. 18, 30) y, por tanto, de alcanzar una vida digna de los hijos de Dios.”

viernes, 19 de junio de 2015

La naturaleza del hombre y la cultura

 “No se puede negar que el hombre existe siempre en una cultura concreta, pero tampoco se puede negar que el hombre no se agota en esta misma cultura. Por otra parte, el progreso mismo de las culturas demuestra que en el hombre existe algo que las transciende. Este algo es precisamente la naturaleza del hombre: precisamente esta naturaleza es la medida de la cultura y es la condición para que el hombre no sea prisionero de ninguna de sus culturas, sino que defienda su dignidad personal viviendo de acuerdo con la verdad profunda de su ser.”

martes, 29 de octubre de 2013

Una inmensa tarea para los responsables políticos

“Hoy los responsables políticos tienen también inmensas tareas que realizar. La consolidación de las instituciones democráticas, el desarrollo de la economía, las diversas formas de cooperación internacional, sólo pueden alcanzar su verdadera finalidad si garantizan una suficiente prosperidad para que el hombre pueda desarrollar todas las dimensiones de su personalidad. La grandeza de la función de los responsables políticos consiste en actuar respetando siempre la dignidad de todo ser humano, crear las condiciones de una generosa solidaridad que no deja a ningún ciudadano al borde del camino, permitir que cada uno acceda a la cultura, reconocer y poner en práctica los más altos valores humanos y espirituales, profesar y compartir las propias convicciones religiosas.”

(Beato Juan Pablo II en su Mensaje a los Jefes de Estado presentes en la celebración del milenario de San Adalberto, en Polonia – 3 de junio de 1997) 

viernes, 8 de julio de 2011

Por una paz duradera

“Las naciones sólo llegarán a una paz duradera si los hombres y las mujeres conservan lo mejor de su propio patrimonio cultural, respetando absolutamente el de sus hermanos y hermanas; las relaciones entre los pueblos ganarán en dinamismo constructivo si cada uno de ellos desarrolla sus mejores capacidades, tanto de las personas como de las comunidades.”

jueves, 3 de febrero de 2011

Sembrad con la cultura, gérmenes de humanidad

“Sembrad, con la cultura, gérmenes de humanidad; gérmenes que crezcan, se desarrollen y hagan robustas a las nuevas generaciones. Trabajad con un sentido de trascendencia, porque Dios es la Suma Verdad, la Suma Belleza, el Sumo Bien y con la labor científica y artística, se puede dar gloria al Creador y preparar así el encuentro con Dios Salvador.”

jueves, 27 de enero de 2011

La verdad : síntesis superadora

“He aquí un desafío para vuestro talento: mostrar a la sociedad que los enfrentamientos y las incomprensiones van frecuentemente ligadas a la ignorancia y al desconocimiento mutuo entre las partes: poner de manifiesto que la verdad es aquella síntesis superadora, capaz de resolver los problemas reales y los conflictos, de tal manera que los sectores rivales puedan reconocer su propia parte en un proyecto más íntegro y armónico, que abrace e incluya a todos en un esfuerzo común de civilización.”
(del discurso del Papa Juan Pablo II a los representantes del mundo de la cultura argentina, 12 de abril de 1987)

jueves, 20 de enero de 2011

El auténtico hombre de cultura

“…el auténtico hombre de cultura tiende siempre a unir, no a dividir; no crea barreras entre sus semejantes, sino que difunde entendimiento y concordia; no le mueve la rivalidad ni la revancha, sino el deseo de abrir nuevos cauces a la creatividad y al progreso.”
(del Discurso del Papa Juan Pablo II a los representantes del mundo de la cultura, Teatro Colón - Buenos Aires - Domingo 12 de abril de 1987)

sábado, 13 de noviembre de 2010

Hombre-Cultura-Iglesia

“Toda la actividad humana tiene lugar dentro de una cultura y tiene una recíproca relación con ella. Para una adecuada formación de esa cultura se requiere la participación directa de todo el hombre, el cual desarrolla en ella su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los demás hombres. A ella dedica también su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y disponibilidad para promover el bien común. Por esto, la primera y más importante labor se realiza en el corazón del hombre, y el modo como éste se compromete a construir el propio futuro depende de la concepción que tiene de sí mismo y de su destino. Es a este nivel donde tiene lugar la contribución específica y decisiva de la Iglesia en favor de la verdadera cultura. Ella promueve el nivel de los comportamientos humanos que favorecen la cultura de la paz contra los modelos que anulan al hombre en la masa, ignoran el papel de su creatividad y libertad y ponen la grandeza del hombre en sus dotes para el conflicto y para la guerra. La Iglesia lleva a cabo este servicio predicando la verdad sobre la creación del mundo, que Dios ha puesto en las manos de los hombres para que lo hagan fecundo y más perfecto con su trabajo, y predicando la verdad sobre la Redención, mediante la cual el Hijo de Dios ha salvado a todos los hombres y al mismo tiempo los ha unido entre sí haciéndolos responsables unos de otros.”

viernes, 13 de agosto de 2010

“Evangelizar la cultura”

“En el día de hoy, la Iglesia advierte con más urgencia la exigencia de "evangelizar la cultura", toda la cultura humana, en el sentido más amplio que esa palabra ha conquistado ya en el lenguaje moderno. Pero sabéis bien que cultura, antes de este significado sociológico, quiere decir educación del espíritu, formación personal o —como decían los latinos—humanitas, es decir, crecimiento y desarrollo armónico del hombre en todas sus partes. También bajo este aspecto, que sigue siendo fundamental, podemos y debemos hablar de "evangelización de la cultura", buscando un destino efectivamente especial y una aplicación singularmente fecunda del Evangelio de Jesucristo a todos los que " hacen cultura" mediante sus estudios, sus investigaciones teóricas y las correspondientes aplicaciones prácticas. “Llegar al corazón del mundo contemporáneo.”

miércoles, 21 de julio de 2010

La cultura y el espiritu contemplativo

El drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación. Sin interioridad la cultura carece de entrañas, es como un cuerpo que no ha encontrado todavía su alma. ¿De qué es capaz la humanidad sin interioridad? Lamentablemente, conocemos muy bien la respuesta. Cuando falta el espíritu contemplativo no se defiende la vida y se degenera todo lo humano. Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma integridad.”

martes, 6 de julio de 2010

El hombre - eje de la cultura

“El hombre es el centro, el eje al que se refiere y se dirige todo lo concerniente a la cultura. No es posible separar concepción del hombre y promoción cultural. Como tampoco lo sería tener esta concepción del hombre sin referirse a la dimensión espiritual y moral del hombre mismo.
Es justamente esta dimensión espiritual, intrínseca al ser humano en toda su profundidad, la que podrá evitar definiciones parciales e incompletas de la cultura y permitirá que la cultura esté al servicio del bien auténtico del hombre y de la sociedad, al servicio de la promoción de una mejor calidad de vida tanto del individuo como de la sociedad.”

sábado, 3 de julio de 2010

La misión de cada nación y cada cultura


“Cada hombre, cada nación, cada cultura y civilización tienen una función propia que desarrollar y un puesto propio en el misterioso plan de Dios y en la historia universal de la salvación”
[…]
Para la plena catolicidad, cada nación y cada cultura tienen un papel propio que desarrollar en el plan universal de salvación. Cada tradición particular, cada Iglesia local, debe permanecer abierta y atenta a las otras Iglesias y tradiciones y, al mismo tiempo, a la comunión universal y católica; si permaneciese cerrada en sí misma, correría el peligro de empobrecerse también ella.”
(de la Encíclica Slavorum apostoli del Papa Juan Pablo II – 1985)

viernes, 7 de mayo de 2010

Para descubrir al hombre ir a la cultura

“Podemos decir con certeza que no se puede descubrir la identidad del hombre en el aspecto económico de la socialidad; si se quiere descubrir al hombre y acercarse a su identidad humana, hay que ir a la cultura: la cultura hace al hombre y el hombre hace la cultura.”
(Juan Pablo II durante una velada con los universitarios del movimiento “Comunión y Liberación” – enero 1980)

martes, 22 de diciembre de 2009

Cultura viva – ethos de un pueblo

“Y, si la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, en ella se juega el mismo destino del hombre. De ahí la importancia que tiene para la Iglesia, como responsable de ese destino, una acción pastoral atenta y clarividente respecto a la cultura, especialmente a la llamada cultura viva, es decir, el conjunto de los principios y valores que constituyen el ethos de un pueblo: `La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe ... Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida" como decía el 16 de enero de 1982 (Discurso a los participantes en el congreso nacional de Movimento eclesial de compromiso cultural).”
(Juan Pablo II Carta de fundación del Consejo Pontificio de la Cultura (20 de mayo de 1982)