La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo que la guía
hasta la verdad completa (cf. Jn 16, 13), no ha dejado, ni puede
dejar nunca de escrutar el «misterio del Verbo encarnado», pues sólo en él «se
esclarece el misterio del hombre» 44.
La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo que la guía
hasta la verdad completa (cf. Jn 16, 13), no ha dejado, ni puede
dejar nunca de escrutar el «misterio del Verbo encarnado», pues sólo en él «se
esclarece el misterio del hombre» 44.
...el hombre constituye la base de todo. Debe ser
respetado en su dignidad personal y soberana. Se debe respetar su dimensión
social, pues la personalidad humana y cristiana sólo puede comprenderse en la
medida en que se rechace este egocentrismo exclusivista, ya que su llamamiento
es a la vez personal y social. El derecho canónico admite y favorece este
perfeccionamiento característico pues lleva a vencer el egoísmo avasallador, es
decir, la renuncia de sí en cuanto individualidad exclusivista; conduce a la
afirmación de sí mismo en una auténtica perspectiva social, mediante el
reconocimiento y respeto del otro en cuanto "persona" dotada de
derechos universales, inviolables e inalienables, y revestida de dignidad
trascendente (cf. Discurso a la Sacra Rota Romana; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española. 1 de abril de 1979,
pág. 9).