En efecto,
los laicos “incorporados a Cristo por el bautismo, integrados en el Pueblo de
Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real
de Cristo” (Lumen gentium, 31)
están llamados a la santidad y son enviados a anunciar y realizar el reino de
Cristo hasta que El vuelva.
(de la Homilia del Papa Juan Pablo II en la Misapara los laicos, Toledo, 4 de noviembre de 1982)
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