Todos los cristianos están llamados a renovar
constantemente su profesión de fe, con la palabra y con la vida, como una
adhesión plena a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, crucificado para
nuestra salvación y resucitado por el poder de Dios.
(de la Homilia del Papa Juan Pablo II en la Misapara los laicos, Toledo, 4 de noviembre de 1982)
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