viernes, 6 de noviembre de 2026

Los amó hasta el fin

 

¿Qué significa "los amó hasta el fin"? Significa: hasta el cumplimiento que debía realizarse el Viernes Santo. En ese día se debía manifestar cuánto amó Dios al mundo, y cómo, en el amor, se ha llegado al límite extremo de la donación, esto es, al punto de "dar a su unigénito Hijo" (Jn 3, 16). En ese día Cristo ha mostrado que no hay "amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).

(de la Misa del Papa Juan Pablo II  «In Cena Domini»  del Jueves Santo 12 de abril de 1979)

martes, 3 de noviembre de 2026

El amor es mas grande que el pecado

 

“«Dios es amor».58 Y sobre todo el amor es más grande que el pecado, que la debilidad, que la «vanidad de la creación»,59 más fuerte que la muerte; es amor siempre dispuesto a aliviar y a perdonar, siempre dispuesto a ir al encuentro con el hijo pródigo,60 siempre a la búsqueda de la «manifestación de los hijos de Dios»,61 que están llamados a la gloria.62 Esta revelación del amor es definida también misericordia,63 y tal revelación del amor y de la misericordia tiene en la historia del hombre una forma y un nombre: se llama Jesucristo.”

 

(de la Encíclica Redemptor Hominis -  Juan Pablo II)

lunes, 2 de noviembre de 2026

2 de Noviembre - Venid, adoremos al Señor, por el cual todos viven".

 

La conmemoración de hoy nos invita a reavivar la fe en la vida eterna. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, lleva inscrito en las profundidades de su ser el nombre mismo, primordial y eterno, de Dios, que es comunión perfecta del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Precisamente por esto su "yo" profundo no sucumbe a la muerte, sino que, superando los confines del tiempo, entra en la eternidad

(…)

Los cristianos, reunidos en torno al recuerdo de sus queridos difuntos, proclaman hoy: Regem cui omnia vivunt, venite, adoremus, "Venid, adoremos al Señor, por el cual todos viven". En el amor de Cristo, que todo redime de las consecuencias del pecado y de la muerte, resplandece la santidad de Dios y se manifiesta su designio providencial de "formar familia" con el hombre. Dios quiere que nadie se pierda (cf. Jn 6, 39), sino que cada uno, transformado por su santidad, vivo para siempre en su presencia en compañía de todos los hermanos y hermanas que forman su casa (cf. 2 Co 4, 14).

Podemos decir que la memoria de hoy es prolongación natural de la solemnidad de ayer. Juntas, forman la gran fiesta de la comunión de la Iglesia constituida por los fieles que aún peregrinan en esta vida y los que ya han cruzado el umbral de la muerte.

(de la Audiencia General de Juan Pablo II 2 denoviembre de 1994)

viernes, 30 de octubre de 2026

Todo cristiano está llamado a la santidad

 El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. En la luz de Dios recordamos a todos los que han dado testimonio de Cristo durante su vida terrena, esforzándose por poner en práctica sus enseñanzas. Nos alegramos con estos hermanos y hermanas nuestros que nos han precedido, recorriendo nuestro mismo camino, y que ahora, en la gloria del cielo, gozan del premio merecido. Estos son los que, según la expresión del Apocalipsis, "vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero" (Ap 7, 14). Han sabido ir contra corriente, acogiendo el "sermón de la montaña" como norma inspiradora de su vida: pobreza de espíritu y sencillez de vida; mansedumbre y no violencia; arrepentimiento de los pecados propios y expiación de los ajenos; hambre y sed de justicia; misericordia y compasión; pureza de corazón; compromiso en favor de la paz; y sacrificio por la justicia (cf. Mt 5, 3-10).

 

Todo cristiano está llamado a la santidad, es decir, a vivir las bienaventuranzas. Como ejemplo para todos, la Iglesia indica a los hermanos y hermanas que se han distinguido en las virtudes y han sido instrumentos de la gracia divina

Nuestra reconciliación con Dios

Nuestra reconciliación con Dios, el retorno a la casa del Padre, se realiza mediante Cristo. Su pasión y muerte en la cruz se colocan entre cada una de las conciencias humanas, cada uno de los pecados humanos, y el infinito amor del Padre. Este amor, pronto aliviar y perdonar, no es otra cosa que la misericordia. Cada uno de nosotros en la conversión personal, en el arrepentimiento, en el firme propósito de la enmienda, finalmente en la confesión, acepta realizar una personal fatiga espiritual, que es prolongación y reverbero lejano de esa fatiga salvífica, que emprendió nuestro Redentor. He aquí cómo se expresa el Apóstol de la reconciliación con Dios: "A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en El fuéramos justicia de Dios" (2 Cor 5, 21). Por lo tanto emprendamos nuestro esfuerzo de conversión y de penitencia por El, con El y en El. Si no lo emprendemos, no somos dignos del nombre de Cristo, no somos dignos de la herencia de la redención.

"El que es de Cristo se ha hecho criatura nueva, y lo viejo pasó, se ha hecho nuevo. Mas todo esto viene de Dios, que por Cristo nos ha reconciliado consigo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5, 17-18).”

(Juan Pablo II - de la Homilía en la Visita pastoral a la parroquia romana de San Ignacio de Antioquia el domingo 16 de marzo de 1989)

viernes, 2 de octubre de 2026

Los ángeles aquellos espíritus puros

 

 Notamos que la Sagrada Escritura y la Tradición llaman propiamente ángeles a aquellos espíritus puros que en la prueba fundamental de libertad han elegido a Dios, su gloria y su reino. Ellos están unidos a Dios mediante el amor consumado que brota de la visión beatificante, cara a cara, de la Santísima Trinidad. Lo dice Jesús mismo: "Sus ángeles ven de continuo en el cielo la faz de mi Padre, que está en los cielos" (Mt 18, 10). Ese "ver de continuo la faz del Padre" es la manifestación más alta de la adoración de Dios. Se puede decir que constituye esa "liturgia celeste", realizada en nombre de todo el universo, a la cual se asocia incesantemente la liturgia terrena de la Iglesia, especialmente en sus momentos culminantes. Baste recordar aquí el acto con el que la Iglesia, cada día y cada hora, en el mundo entero, antes de dar comienzo a la plegaria eucarística en el corazón de la Santa Misa, se apela "a los Ángeles y a los Arcángeles" para cantar la gloria de Dios tres veces santo, uniéndose así a aquellos primeros adoradores de Dios, en el culto y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de su santidad.

(Papa Juan Pablo II – de la Audiencia General 6 de agosto de 1986)




miércoles, 23 de septiembre de 2026

La fe de Maria y la fe del pueblo de Dios

 

Como afirma el Concilio: « María ... habiendo entrado íntimamente en la historia de la salvación ... mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre ».64 Por lo tanto, en cierto modo la fe de María, sobre la base del testimonio apostólico de la Iglesia, se convierte sin cesar en la fe del pueblo de Dios en camino: de las personas y comunidades, de los ambientes y asambleas, y finalmente de los diversos grupos existentes en la Iglesia. Es una fe que se transmite al mismo tiempo mediante el conocimiento y el corazón. Se adquiere o se vuelve a adquirir constantemente mediante la oración. Por tanto « también en su obra apostólica con razón la Iglesia mira hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca también en los corazones de los fieles ».

(De la Carta Encíclica Redemptoris Mater del Papa Juan PabloII)

Acoger el « misterio » de la propia vida

La verdad de la Revelación cristiana, que se manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el « misterio » de la propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad la palabra del Señor: « Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres » (Jn 8, 32

(Papa Juan Pablo II Carta Encíclica Fides et Ratio) 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Dignidad del trabajo, dignidad del hombre

 

De hecho, la problemática contemporánea del trabajo humano (¿sólo la contemporánea, realmente?), en última instancia, no se reduce —me perdonen todos los especialista,— ni a la técnica ni tanto menos a la economía, sino a una categoría fundamental, a saber, a la categoría de la dignidad del trabajo, o sea, de la dignidad del hombre. La economía, la técnica y tantas otras especialidades y disciplinas, tienen su razón de ser en esa única categoría esencial. Si no se inspiran en ella y se forman fuera de la dignidad del trabajo humano, están en error, son nocivas y van contra el hombre.

(De la homilía del Papa Juan Pablo II en la Santa Misa en el Santuario de la Santa Cruz de Mogila, Cracovia el 8 de junio de 1979)


Caminemos hacia la cruz del Señor

 

Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre. Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la cruz el hombre ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. Ha descubierto, y descubre continuamente, a la luz de la fe, cuán grande sea el propio valor. Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16).

(De la homilía del Papa Juan Pablo II en la Santa Misa en elSantuario de la Santa Cruz de Mogila, Cracovia el 8 de junio de 1979)

jueves, 10 de septiembre de 2026

Los médicos custodios y servidores de la vida humana

 

Los médicos son custodios y servidores de la vida humana. En mi carta encíclica Evangelium vitae, subrayé el significado humano y el aspecto ético de la profesión médica. Hoy, la profesión médica se encuentra en una especie de encrucijada: "En el contexto cultural y social actual, en que la ciencia y la medicina corren el riesgo de perder su dimensión ética original, ellos pueden estar a veces fuertemente tentados de convertirse en manipuladores de la vida o incluso en agentes de muerte. Ante esta tentación, su responsabilidad ha crecido hoy enormemente y encuentra su inspiración más profunda y su apoyo más fuerte precisamente en la intrínseca e imprescindible dimensión ética de la profesión sanitaria" (n. 89).

(del Discursodel Papa Juan Pablo II a los participantes en el VII Congreso de la Sociedad Internacionalde Oncología ginecológica – 30 de septiembre de 1999)

jueves, 27 de agosto de 2026

Catequesis vida y fuente

 “la catequesis es, por así decirlo, signo infalible de la vida de la Iglesia y fuente inagotable de su vitalidad. (...)


La catequesis debe ser, pues, objeto de un trabajo sistemático y de una colaboración. Aún cuando deba llegar primariamente a aquellos a quienes se dirige sobre todo, esto es, a los niños y a los jóvenes, sin embargo no puede limitarse sólo a ellos. Es y será siempre condición de una catequesis eficaz de los niños y de los jóvenes la catequesis de los adultos, en varias formas, en distintos niveles, y en diversas ocasiones. Esto es importante sobre todo si se tiene presente el deber de catequizar propio de la familia, o si se considera el desarrollo de la problemática de la fe y de la moral. Efectivamente deben afrontarla especialmente los adultos cual cristianos auténticos y maduros.”

martes, 25 de agosto de 2026

Dios Padre misericordioso

 

Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.

Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.

Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

(Papa Juan Pablo II de la Homilíadel Santo Padre en el Santuario de la Misericordia Divina, Consagración delSantuario, 17 de agosto de 2002)

jueves, 20 de agosto de 2026

No te dejes vencer por el mal

 

La paz es un bien que se promueve con el bien: es un bien para las personas, las familias, las Naciones de la tierra y para toda la humanidad; pero es un bien que se ha de custodiar y fomentar mediante iniciativas y obras buenas. Se comprende así la gran verdad de otra máxima de Pablo: « Sin devolver a nadie mal por mal » (Rm 12,17). El único modo para salir del círculo vicioso del mal por el mal es seguir la exhortación del Apóstol: « No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien » (Rm 12,21).

(del Mensaje del Papa Juan Pablo II para la XXXVII JornadaMundial de la Paz 1 de enero de 2005)

sábado, 15 de agosto de 2026

La Asunción de María un especial don del Resucitado a su Madre.

 


 “La Asunción de María es un especial don del Resucitado a su Madre. Si, en efecto, "los que son de Cristo", recibirán la vida "cuando El venga", he aquí que es justo y comprensible que esa participación en la victoria sobre la muerte sea experimentada en primer lugar por Ella, la Madre; Ella, que es "de Cristo", de modo más pleno, ya que, efectivamente, El pertenece a Ella, como el hijo a la madre. Y Ella pertenece a El; es, en modo especial, "de Cristo", porque fue amada y redimida de forma totalmente singular.”

 

( Juan Pablo II Homilíaen la solemnidad de la Asunción – 15 de agosto de 1980) 

 

viernes, 14 de agosto de 2026

Aceptar el proyecto de Dios sobre el hombre

 

Jesucristo es la verdad plena del proyecto de Dios sobre el hombre, que goza del don altísimo de la libertad. «Quiso Dios .dejar al hombre en manos de su propia decisión. (Si 15, 14), de modo que busque sin coacciones a su Creador y, adhiriéndose a él, llegue libremente a la plena y feliz perfección» (Gaudium et spes, 17; cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1730). Aceptar el proyecto de Dios sobre el hombre, revelado en Jesucristo, y realizarlo en la propia vida significa descubrir la vocación auténtica de la libertad humana, según la promesa de Jesús a sus discípulos: «Si os mantenéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32).

«No se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre» (Veritatis splendor, 19).

(JuanPablo II Audiencia General 2 de septiembre de 1998)

viernes, 7 de agosto de 2026

La Redención

 La Redención se comunica al hombre mediante la proclamación de la Palabra de Dios y los sacramentos, dentro de la economía divina por la cual la Iglesia está constituida, en cuanto cuerpo de Cristo, « como sacramento universal de salvación »[10]. El Bautismo, sacramento del nuevo nacimiento en Cristo, introduce vitalmente a los fieles en esta corriente que brota del Salvador. La Confirmación los vincula más estrechamente con la Iglesia, los corrobora en el testimonio de Cristo y en el amor coherente a Dios y a los hermanos. La Eucaristía en particular hace presente toda la obra de la Redención que se perpetúa a lo largo del año en la celebración de los divinos misterios; en ella el mismo Redentor, realmente presente bajo las especies sagradas, se da a los fieles, acercándolos « siempre al amor que es más fuerte que la muerte »[11], los une a sí y al mismo tiempo entre sí. De este modo la Eucaristía construye la Iglesia, ya que es signo y causa de la unidad del Pueblo de Dios, y consiguientemente fuente y culmen de toda la vida cristiana[12]. La Penitencia los purifica, como se dirá ampliamente más adelante. El Orden Sagrado configura a los elegidos a Cristo, Sumo y eterno Sacerdote, y les confiere el poder de apacentar en su nombre a la Iglesia con la palabra y la gracia de Dios, sobre todo en el culto eucarístico. En el Matrimonio « el genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia »[13]. Finalmente la Unción de los Enfermos, uniendo los sufrimientos de los fieles a los del Redentor, los purifica con vistas a la redención completa del hombre incluso en su cuerpo y los prepara al encuentro beatífico con Dios, Uno y Trino.

(Juan Pablo II  - de la Bula de convocación del Jubileo para el 1950 aniversario de la Redencion Aperite portas Redemptori) 

jueves, 6 de agosto de 2026

La Transfiguración – Misterio de Luz

 

Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo « escuchen » (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad « hasta el extremo » (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

(Juan Pablo II – Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae)

martes, 4 de agosto de 2026

La fisonomía esencial del sacerdote

 

Ciertamente «hay una fisonomía esencial del sacerdote que no cambia: en efecto, el sacerdote de mañana, no menos que el de hoy, deberá asemejarse a Cristo. Cuando vivía en la tierra, Jesús reflejó en sí mismo el rostro definitivo del presbítero, realizando un sacerdocio ministerial del que los apóstoles fueron los primeros investidos y que está destinado a durar, a continuarse incesantemente en todos los períodos de la historia. El presbítero del tercer milenio será, en este sentido, el continuador de los presbíteros que, en los milenios precedentes, han animado la vida de la Iglesia. También en el dos mil la vocación sacerdotal continuará siendo la llamada a vivir el único y permanente sacerdocio de Cristo»[9]. Pero ciertamente la vida y el ministerio del sacerdote deben también «adaptarse a cada época y a cada ambiente de vida... Por ello, por nuestra parte debemos procurar abrirnos, en la medida de lo posible, a la iluminación superior del Espíritu Santo, para descubrir las orientaciones de la sociedad moderna, reconocer las necesidades espirituales más profundas, determinar las tareas concretas más importantes, los métodos pastorales que habrá que adoptar, y así responder de manera adecuada a las esperanzas humanas»[10].

(De la Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis del Papa Juan Pablo II, al Episcopado, al Clero y a los fieles sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual)

sábado, 1 de agosto de 2026

Dios ha hecho al hombre para la alegria

 

Queridos jóvenes, Dios ha hecho al hombre para la alegría; podría decir que os ha hecho sobre todo a vosotros para la alegría. Dios es alegría, y en la alegría de vivir hay un reflejo de la alegría originaria que Dios experimentó al crear al hombre.

Difundid esta alegría. Quisiera que esta tarde, entre nosotros, resonaran las palabras de Isaías: «Consolad, consolad a mi pueblo (...). Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha terminado su esclavitud» (Is 40, 1-2). San Felipe Neri hizo realidad estas palabras: supo consolar a quien era esclavo y prisionero de falsos maestros de vida, gritando que la verdadera libertad está en Cristo y que sólo cuando el hombre acepta a Cristo en su propia vida termina la esclavitud del pecado y de la muerte.

(DelEncuentro del Papa Juan Pablo II con los jóvenes de la diócesis de Roma en preparaciónpara la Jornada Mundial de la Juventud 6 de abril 1995)