La misericordia divina
llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: "Hija mía,
di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pedirá Jesús a sor
Faustina (Diario, p. 374). Cristo derrama esta misericordia sobre la
humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la
Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un "segundo nombre" del
amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su
aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad,
sobre todo en su inmensa capacidad de perdón?
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