La salvaguardia,
promoción, santificación y proyección apostólica de la vida familiar deben
contar a los laicos católicos entre sus agentes más decididos y coherentes.
Célula básica del tejido social, considerada por el Concilio Vaticano II como
“Iglesia doméstica”, exige un esfuerzo evangelizador, para potenciar sus
factores de crecimiento humano y cristiano y superar los obstáculos que atentan
contra su integridad y finalidades.
Los “mundos” emergentes y complejos de los
intelectuales y universitarios, del proletariado, técnicos y dirigentes de
empresa, de los vastos sectores campesinos y poblaciones suburbanas sometidas
al impacto acelerado de cambios económico-sociales y culturales, reclaman una
particular atención apostólica, a veces casi misionera, por parte del laicado
católico en la proyección pastora! del conjunto de la Iglesia.
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