Queridos hijos que os
dedicáis completa o parcialmente al sector universitario católico de vuestros
respectivos países, y todos vosotros que, en cualquier ambiente universitario,
estáis comprometidos en implantar el Reino de Dios:
— cread una verdadera
familia universitaria, empeñada en la búsqueda, no siempre fácil, de la verdad
y del bien, aspiraciones supremas del ser racional y bases de sólida y
responsable estructura moral;
— perseguid una seria
actividad investigadora, orientadora de las nuevas generaciones hacia la
verdad, hacia la madurez humana y religiosa;
— trabajad
infatigablemente para el progreso auténtico y completo de vuestras Patrias. Sin
prejuicios de ningún tipo, dad la mano a quien se propone, como vosotros, la
construcción del auténtico bien común;
— unid vuestras fuerzas
de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, de laicos, en la programación
y realización de vuestros centros académicos y de sus actividades;
— caminad alegres e
infatigables bajo la guía de la Santa Madre Iglesia, cuyo Magisterio,
prolongamiento del de Cristo, es garantía única para no perder el justo camino,
y guía segura hacia la herencia imperecedera que Cristo reserva a quien le es
fiel.
Os encomiendo a todos a
la Eterna Sabiduría: “esplendente e inmarcesible es la sabiduría; fácilmente se
deja ver de los que la amen y es hallada por los que la buscan” (Sab 6,
12).
(Juan Pablo II en sudiscurso a los universitarios católicos de México – 31 de enero de 1979)
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