Como Pastores tenéis la viva conciencia de que vuestro deber principal es el de ser maestros de la verdad. No de una verdad humana y racional, sino de la Verdad que viene de Dios; que trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32); esa verdad que es la única en ofrecer una base sólida para una “praxis” adecuada.
Vigilar por la pureza de
la doctrina, base en la edificación de la comunidad cristiana, es pues, junto
con el enuncio del Evangelio, el deber primero e insustituible del Pastor, del
Maestro de la fe. Con cuánta frecuencia ponía esto de relieve San Pablo, convencido
de la gravedad en el cumplimiento de este deber (cf 1Tim 1,3-7;
18-20; 11,16; 2Tim 1, 4-14). Además de la unidad en la
caridad, nos urge siempre la unidad en la verdad
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