No es posible permanecer
indiferente ante el grave problema del analfabetismo o semi-analfabetismo.
En uno del los momentos decisivos para el futuro
de América Latina, hago un fuerte llamado en nombre de Cristo a todos los
hombres y, de modo particular, a vosotros los jóvenes, para que prestéis hoy y
mañana vuestra ayuda, servicio y colaboración en esta tarea de escolarización.
Mi voz, mi súplica de Padre si dirige también a los educadores cristianos para
que, con su aportación favorezcan la alfabetización y “culturización”, con una
visión integral del hombre. No olvidemos que “un analfabeto es un espíritu
subalimentado” (Populorum progressio, 35).
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