jueves, 26 de septiembre de 2024

Jesús es la garantía de nuestra esperanza.

 

El hombre no puede vivir sin esperanza; todos los hombres esperan en alguien y en algo. Pero, por desgracia, no faltan abundantes desilusiones y tal vez se asoma incluso el abismo de la desesperación. ¡Mas nosotros sabemos que Jesús Redentor, muerto, crucificado y resucitado gloriosamente, es nuestra esperanza! «Resucitó Cristo, mi esperanza».  Jesús nos dice que, a pesar de las dificultades de la vida, vale la pena comprometerse con voluntad tenaz y benéfica en la construcción y en el mejoramiento de la "ciudad terrena" con el ánimo siempre en tensión hacia la eterna. El cristiano se entrega generosamente a la realización concreta del bien común, vence el propio egoísmo con el sentido de la solidaridad y con el esfuerzo por la promoción de todo lo que sirve para la dignidad y la integridad de la persona humana. La Iglesia es una comunidad de "servidores", y cada cristiano debe sentirse llamado a hacer cada vez más bella, más unida, más justa la propia ciudad.

(Juan Pablo II en sudiscurso a la peregrinación comunitaria y oficial de la Archidiócesis deNapoles – 24 de marzo de 1979)

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