viernes, 20 de diciembre de 2024

¿Quién es para mi Jesucristo?

 

¿Quién es realmente para mis pensamientos, para mi corazón, para mi actuación? ¿Cómo conozco yo, que soy cristiano y creo en El, y cómo trato de conocer al que confieso? ¿Hablo de El a los otros? ¿Doy testimonio de El, al menos ante los que están más cercanos a mí en la casa paterna, en el ambiente de trabajo, de la universidad o de la escuela, en toda mi vida y en mi conducta? Esta es precisamente la pregunta de Adviento, y es preciso que, basándonos en ella, nos hagamos las referidas, ulteriores preguntas, para que profundicen en nuestra conciencia cristiana y nos preparen así a la venida del Señor.”

 

(de la Homilia de San Juan Pablo II en la parroquia romana dela Natividad de Nuestro Señor – 14 de diciembre de 1980)

jueves, 19 de diciembre de 2024

Navidad y el testimonio de vida

 

Los cristianos tenemos la misión de difundir, con el testimonio de la vida, la verdad de la Navidad, que Cristo trae a todo hombre y mujer de buena voluntad. Al nacer en la pobreza del pesebre, Jesús viene a ofrecer a todos la única alegría y la única paz que pueden colmar las expectativas del alma humana.

(Benedicto XVI de laAudiencia General 20 de diciembre de 2006)

sábado, 7 de diciembre de 2024

Maria es toda Ella Adviento

 

¡”En el tiempo de Adviento la Iglesia se une de modo particular a María Santísima. En efecto, Ella es un gran ejemplo para nosotros en la espera de la venida de Cristo que invade todo este período. Desde el momento mismo de la Encarnación del Verbo, esta espera asume en Ella una forma concreta: se hace maternidad. Debajo de su corazón virginal late ya la nueva vida, la vida del Hijo de Dios que se hizo hombre en su seno. ¡María es toda Ella Adviento!”


Adviento, realidad de Dios y realidad del hombre

 

“El significado pleno del Adviento brota de la reflexión sobre la realidad de Dios que crea y, al crear, se revela a Sí mismo (ésta es la Revelación primera y fundamental, y también la verdad primera y fundamental de nuestro Credo). Pero al mismo tiempo, el significado pleno del Adviento aflora de la reflexión profunda sobre la realidad del hombre”

(de la Audiencia del Santo Padre Juan Pablo II del 6 de diciembre de 1978)

Adviento “venida”.

 

“Adviento quiere decir “venida”. Por tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para qué viene”
“… el cristianismo no es sólo una “religión de adviento”, sino el Adviento mismo. El cristianismo vive el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre, y de esta realidad palpita y late constantemente. Esta es sencillamente la vida misma del cristianismo”

Juan Pablo II Audiencia General 25 de noviembre de 1978

viernes, 15 de noviembre de 2024

Misión y dialogo con los no cristianos

 

El respeto y estima "del otro" y de todo lo que éste tiene en lo hondo del corazón, son esenciales al diálogo. A ello debe añadirse discernimiento y conocimiento sinceros y profundos. Este último no se aprende sólo en los libros. Reclama amistad e identificación. Hace tiempo que se dio a estas condiciones del diálogo una formulación filosófica moderna: San Pablo escribió sobre su disponibilidad a hacerse todo para todos: "todo lo hago por el Evangelio, para participar en él" (1 Cor 9, 23). Como nos enseña asimismo San Pablo, en el diálogo la palabra no llega a ser constructiva ni provechosa sin amor. Palabra y amor son el verdadero vehículo de comunicación. La única palabra verdaderamente perfecta es la que se dice con amor. Y precisamente porque para ser eficaz la palabra debe ir unida al amor, es necesario y urgente, según escribí en mi Encíclica, que la misión y el diálogo con los no cristianos se lleve a cabo por cristianos que colaboran y viven en comunión entre sí (cf. Redemptor hominis6 y 11). Por ello, me da alegría ver aquí presentes en esta asamblea plenaria a representantes cualificados de la Iglesia ortodoxa griega y del Consejo mundial de las Iglesias.

(deldiscurso de Juan Pablo II a la Asamblea Plenaria del Secretariado para los nocristianos – 27 de abril de 1979)

Tarea de la ciencia biblica

 

Evidentemente toca a la ciencia bíblica y a sus métodos hermenéuticos establecer la distinción entre lo que es caduco y lo que debe conservar siempre su valor. Pero es ésta una operación que requiere sensibilidad aguda en extremo no sólo en el plano científico y teológico, sino también y sobre todo en el plano eclesial y de la vida.

Dos consecuencias se desprenden de todo ello, diferentes y complementarias a un tiempo.

La primera se refiere al gran valor de las culturas; si en la historia bíblica éstas ya fueron consideradas capaces de ser vehículos de la Palabra de Dios, es porque en ellas está inserto algo muy positivo que es ya presencia en germen del Logos divino. Del mismo modo, el anuncio de la Iglesia no teme servirse en la actualidad de expresiones culturales contemporáneas; así que a causa de cierta analogía con la humanidad de Cristo, aquéllas están llamadas, por así decir, a participar de la dignidad del mismo Verbo divino.

Pero hay que añadir en segundo lugar que del mismo modo se ve aflorar el carácter puramente instrumental de las culturas, sometidas siempre a fuertes cambios bajo la influencia de una evolución histórica muy marcada: "Sécase la hierba, marchítase la flor, cuando sobre ellas pasa el soplo de Yavé" (Is 40, 8). Determinar con precisión las relaciones existentes entre las variaciones de la cultura y la constante de la revelación es cabalmente la tarea ardua y a la mas entusiasmarte de los estudios bíblicos y de toda la vida de la Iglesia.

(del discurso de Juan Pablo II a la Asamblea plenaria de la Pontifica Comisión Bíblica – 26 de abril de 1979)

Pablo VI un faro de luz

 

Frente a la secularización que ha embestido a la sociedad y a los fermentos que han turbado desde dentro a la Iglesia en los años pasados, Pablo VI, incomprendido, y a veces incluso calumniado, fue siempre un faro de luz para todos los hombres, confirmando continuamente en la fe a sus hermanos. Me agrada recordar lo que he escrito de él en la reciente Encíclica Redemptor hominis: «Como timonel de la Iglesia, barca de Pedro, sabía conservar una tranquilidad y un equilibrio providencial, incluso en los momentos más críticos, cuando parecía que ella era sacudida desde dentro, manteniendo una esperanza inconmovible en su compactibilidad... Se debe gratitud a Pablo VI porque, respetando toda partícula de verdad contenida en las diversas opiniones humanas, ha conservado igualmente el equilibrio providencial del timonel de la barca» (núms. 3 y 4).

Los discursos, las Encíclicas, las Exhortaciones Apostólicas que nos ha dejado en herencia, son un monumento de doctrina, una verdadera Summa Theologica.

(del discurso de JuanPablo II a un grupo de peregrinos de Brescia, Italia)

Elementos esenciales del sacerdocio católico

 

Nuestra fuerza interior está en la vocación.

 ¡Hemos sido llamados! ¡Esta es la verdad fundamental que debe infundirnos ánimo y alegría! Jesús mismo dice a los Apóstoles: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino yo os elegí a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca" (Jn 15, 16).  (…)  La llamada nos da la fuerza para ser con constancia y fidelidad lo que somos: en los momentos de serenidad, pero sobre todo en los momentos de crisis y desaliento, digámonos a nosotros mismos: «¡Animo! ¡He sido llamado! "Heme aquí, envíame a mi" » (Is 6, 8).

Nuestro gozo es la Eucaristía.

Recordemos las palabras del divino Maestro a los Apóstoles: "Os llamo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn 15, 15).

El sacerdote es ante todo para la Eucaristía y vive de la Eucaristía. ¡Nosotros podemos "consagrar" y encontrar personalmente a Cristo con el poder divino de la "transustanciación"; nosotros podemos recibir a Jesús vivo, verdadero, real; podemos distribuir a las almas el Verbo, encarnado, muerto y resucitado por la salvación del mundo! ¡Cada día estamos en audiencia privada con Jesús!

(…)

Finalmente, nuestra preocupación debe ser el amor y el servicio a las almas, en el puesto que la Providencia nos ha asignado por medio de los superiores. En cualquier lugar que nos encontremos, en las agitadas parroquias de las metrópolis, como en los pueblos aislados de las montañas, allí siempre hay personas que amar, servir, salvar; siempre hay que meditar en las palabras consoladoras que sellarán nuestro destino eterno: "¡Muy bien, siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, ven y toma parte en el gozo de tu Señor!" (cf. Mt 25, 23).

 

(Del discurso de Juan Pablo II a un grupo de sacerdotes de Milan – 21 de abril de 1979)

miércoles, 30 de octubre de 2024

El peligro de ser un sacerdote “asimilado”

 El criterio más válido de autenticidad sacerdotal en la semejanza con Cristo, "Buen Pastor" y el modo más eficaz de actualizar una presencia "significativa" entre los hombres de hoy, en el compromiso de ofrecer a los otros el testimonio de una personalidad sacerdotal que sea para todos "un claro y límpido signo a la vez que una indicación" ……., no es cediendo a las sugestiones de un fácil aseglaramiento expresado o en el abandono del traje eclesiástico o en la asimilación de costumbres mundanas o tomando un oficio profano; no es éste el camino para acercarse eficazmente al hombre de hoy. Esta asimilación quizá podría dar la impresión, a primera vista, de una facilidad de contacto; pero, ¿para qué valdría, si hubiese de ser "pagada" con la pérdida de la función específica evangelizadora y santificadora que hace del sacerdote la sal de la tierra y la luz del mundo? El peligro de que la sal se vuelva insípida o de que la luz sea sofocada, ya lo admitió claramente como hipótesis Jesús en el Evangelio (Mt 5, 13-16). ¿Para qué serviría un sacerdote "asimilado" al mundo de tal forma que se convirtiera en elemento disfrazado del mismo y no ya en fermento transformador?

miércoles, 23 de octubre de 2024

En qué consiste la educación católica

 

La educación católica consiste sobre todo en comunicar a Cristo, en coadyuvar a que se forme Cristo en la vida de los demás. Como dice el Concilio Vaticano II, los que han sido bautizados deben hacerse más conscientes cada día del don de la fe recibida, aprender a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad, formándose para vivir según el hombre nuevo en justicia y en la santidad de la verdad (cf. Gravissimum educationis, 2). Estos son sin duda alguna objetivos esenciales de la educación católica. El proponérselos e impulsarlos da sentido a la escuela católica, y pone en evidencia la dignidad de la vocación del educador católico. Sí, se trata ante todo de comunicar a Cristo y ayudar a que su Evangelio ennoblecedor eche raíces en el corazón de los creyentes. Por ello, sed fuertes al perseguir estos objetivos. La causa de la educación católica es la causa de Jesucristo y de su Evangelio al servicio del hombre.

(del Mensaje de JuanPablo II a la Asociación Nacional de Educadores católicos de los Estados Unidos,16 de abril de 1979)

miércoles, 9 de octubre de 2024

Contribuir a construir la Iglesia : el Cuerpo de Cristo

 

Cada uno de nosotros, en el ámbito de la sociedad, pero particularmente en el ámbito de la Iglesia, tiene una vocación y una responsabilidad. Cada uno de los cristianos en la comunidad del Pueblo de Dios debe contribuir a la construcción del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Este es el "servicio real" del que habla el Concilio Vaticano II (Lumen gentium, 36), en virtud del cual, no sólo el Papa, los obispos, los sacerdotes, sino todos los cristianos, vale decir, los esposos, los padres, las mujeres y los hombres de condiciones y profesiones diversas, deben construir su vida…

(del discursode Juan Pablo II a los agentes de policía – 14 de abril de 1979)

lunes, 7 de octubre de 2024

Que es el Rosario?

 

¿Qué es el rosario? Un compendio del Evangelio. Nos hace volver continuamente a las principales escenas de la vida de Cristo, como para hacernos "respirar" su misterio. El rosario es un camino privilegiado de contemplación. Es, por decirlo así, el camino de María. ¿Quién conoce y ama a Cristo más que ella?

(deldiscurso de Juan Pablo II en su peregrinación al Santuario Mariano de Pompeña –7 de octubre de 2003)

viernes, 4 de octubre de 2024

La alegría de un corazón cristiano

(…) el servicio auténtico del cristiano se califica e base a la presencia operante de la gracia de Dios en él y a través de él. La paz en el corazón del cristiano, por tanto, está unida inseparablemente a la alegría, que en griego (chará) es etimológicamente afín a la gracia (cháris). Toda la enseñanza de Jesús, comprendida su cruz, tiene precisamente esta finalidad: "para que yo me goce en vosotros y vuestro gozo sea cumplido" (Jn 15, 11). Cuando la alegría de un corazón cristiano se derrama en los demás hombres, allí engendra esperanza, optimismo, impulsos de generosidad en la fatiga cotidiana contagiando a toda la sociedad.

jueves, 3 de octubre de 2024

«Iglesia de Dios, ¿qué dices de ti misma?» (Concilio Vaticano II)

 Necesitamos hombres que tengan un conocimiento profundo de los problemas del hombre y del mundo; pero tal conocimiento no se podrá detener en el nivel puramente humano y profano: deberá basarse sobre todo en la "ciencia de la fe", aún más, deberá surgir de una actitud precisa de fe, de un ejercicio activo de fe, que significa comunión y coloquio con el Verbo mismo de Dios, el Maestro que enseña y dicta ab intus: «El que es consultado y enseña es Cristo del que se ha dicho que habita en el hombre interior, esto es, la inmutable virtud de Dios y su eterna sabiduría» (San Agustín, De Magistro, 11, 38; PL 52, 1216; cf. Ef 3, 16; 1 Cor 1, 24)

[…]

no le es lícito al Pueblo de Dios retrasarse, detenerse o retroceder. La Iglesia debe caminar en la historia con los ojos dirigidos atrás (Ecclesia retro-oculata), y al mismo tiempo hacia adelante (Ecclesia ante-oculata); pero sobre todo fijos en lo alto, hacia Cristo, su Señor (Ecclesia supra-oculata): levatis ad Dominum oculis... Efectivamente, de lo alto, de El, le viene la inspiración, la fuerza, la resistencia, la valentía. Y, ¿cómo podrían quedar inertes los miembros del Pueblo de Dios?

(del discurso de  Juan Pablo II a los profesores, superiores y alumnos de los centros romanos de estudios académicos  -  4 de abril de 1979

miércoles, 2 de octubre de 2024

Sed artífices de concordia y de paz

 

Sed artífices de concordia y de paz. En este tiempo caracterizado, en tan gran parte, por las divisiones sociales y por tantas formas de violencia, es necesario que deis testimonio ante el mundo de fraternidad cristiana en el ambiente donde vivís y trabajáis. Es necesario un compromiso decidido por la construcción de un mundo más humano, más justo, más solidario. Con esto no se quiere negar la legítima defensa de los derechos inalienables, como tampoco la promoción económica y social de los trabajadores menos favorecidos y menos retribuidos, y especialmente de los más humildes, más pobres, más necesitados y más oprimidos. Aún más, aprovecho gustosamente esta ocasión para deplorar, de nuevo, situaciones que no corresponden a la dignidad humana y cristiana, en las que por desgracia se encuentran tantos trabajadores a causa de la desocupación o de fatigas extenuantes hasta el límite de lo que se puede soportar. Frecuentemente la técnica moderna ha venido a ser, en vez de instrumento de promoción, mecanismo destinado a aplastarlo hasta privarlo tal vez de sus atributos más sagrados e intangibles. Como ya he aludido en la reciente Encíclica: "El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exigen un desarrollo proporcional de la moral y de la ética" (Redemptor hominis, 15).

(del discurso del Papa Juan Pablo II a una peregrinación de obreros y obreras de Génova - 2 de abril de 1979)

Tened confianza

 

¡Tened confianza! Esta palabra "confianza" ensancha los pulmones y da alas al corazón, da un alivio sin medida, es algo como salir de una pesadilla. Nuestra edad está marcada en gran parte por la angustia y el temor, por ansiedades y miedos. La confianza se contrapone a cuanto os inquieta: ya que es, realmente, serenidad en el compromiso, intrepidez superior en las contrariedades, promesa en la misteriosa, pero operante, ayuda que la Providencia a nadie niega. La confianza encuentra su máxima expresión en las palabras pronunciadas por Cristo en la cruz: "Padre, en tus manos entrego mi espíritu" (Lc 23, 46). En medio de tantas y tantas dificultades, la confianza os sostiene y os hace elevar la mirada al cielo para decir al Padre que, cuando habéis hecho todo, haga El lo que todavía falta.

(del discurso del Papa Juan Pablo II a una peregrinación de obreros y obreras de Génova, 2 de abirl de 1979)



Profundizad en el conocimiento de Jesus

 

Profundizad en el conocimiento de Jesús, escuchando la palabra de los ministros del Señor y leyendo alguna página del Evangelio. Tratad de descubrir dónde está El, y en todos podréis encontrar algo particular que os lo indique, que os diga dónde habita; preguntádselo a las almas bondadosas, a las penitentes, a las generosas, a las humildes y escondidas; preguntádselo a vuestros hermanos, de cerca y de lejos, porque en cada uno encontraréis algo que os señale a Jesús. Preguntádselo sobre todo a vuestra alma y a vuestra conciencia, porque ellas os podrán indicar de modo inconfundible la huella de su camino, la impronta de su paso, el vestigio de su poder y de su amor. Pero preguntádselo humildemente, es decir, que vuestra alma esté dispuesta a ver, fuera de sí, lo que Dios ha sembrado de su bondad en las criaturas. Buscarlo cada día quiere decir poseerlo cada día un poco más, y a la vez ser admitidos un poco a la intimidad con El; y entonces podréis entender mejor el sonido de su voz, el significado de su lenguaje, el porqué de su venida a la tierra y de su inmolación en la cruz.

(Del discurso del Papa Juan Pablo II a una peregrinación de obreros y obreras de Génova - 2 de abril de 1979) 


lunes, 30 de septiembre de 2024

Comunión y liberación

 

Es muy importante mantener el nivel de comunión en las relaciones interhumanas e interpersonales. El nivel de la comunión en las relaciones entre los hombres, entre las personas nos permite crear una liberación auténtica, porque el hombre se libera en la comunión con los otros, no en el aislamiento; no individualmente, sino con los otros, mediante los otros, por los otros. Este es el sentido pleno de la comunión de la que brota la liberación. Y la liberación, como dije también en un discurso un miércoles en esta sala, la liberación comporta diversos significados. Depende mucho del ambiente social y cultural: liberación quiere decir diversas cosas. Una cosa es en América Latina, otra en Italia, otra en Europa, e incluso otra en Europa Occidental o en Europa Oriental, otra en los países africanos, etc. Se debe buscar esa encarnación de la liberación que sea justa en el contexto concreto en el que vivimos. Pero la liberación se consigue siempre en la comunión y mediante la comunión.

(JuanPablo II en su discurso a los jóvenes del Movimiento “Comunión y Liberación” 31de marzo de 1979)

Nexo entre fe y ciencia

 

Hay un nexo entre fe y ciencia…. El Magisterio de la Iglesia lo ha proclamado siempre; y uno de los fundadores de la ciencia moderna, Galileo, escribía que «la Escritura Santa y la naturaleza proceden una y otra del Verbo Divino; la primera, en cuanto dictada por el Espíritu Santo, el Santo Espíritu, y la otra, en cuanto ejecutora fidelísima de las órdenes de Dios»; así escribía a R. Castelli el año 1615 (Edizione Nazionale dclle Opere di Galileo, vol. V, pág. 282).

Si la investigación científica se lleva a cabo siguiendo métodos de rigor absoluto y se mantiene fiel a su propio objetivo, y si la Escritura se lee ajustándose a las sabias directrices de la Iglesia señaladas en la Constitución conciliar Dei Verbum, que son las directrices últimas, por así decir… no puede haber oposición entre fe y ciencia. En los casos en que la historia señala oposición entre ambas, ello deriva de posturas erróneas que el Concilio ha rechazado abiertamente deplorando «ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la autonomía legitima de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer oposición entre la ciencia y la fe» (Gaudium et spes, 36, 2).

Cuando los científicos avanzan con humildad en la investigación de los secretos de la naturaleza, la mano de Dios les guía hacia las cumbres del espíritu, como lo hacía notar mi predecesor el Papa Pío XI en el Motu proprio con el que instituyó la Academia Pontificia de las Ciencias; y los científicos llamados a formarla "no vacilaron en declarar, y con razón, que la ciencia, sea la que fuere, abre y consolida el camino que conduce a la fe cristiana".

(del discurso de JuanPablo II a los miembros de la Sociedad Europea de Física, 31 de marzo de 1979)

jueves, 26 de septiembre de 2024

Jesús es la garantía de nuestra esperanza.

 

El hombre no puede vivir sin esperanza; todos los hombres esperan en alguien y en algo. Pero, por desgracia, no faltan abundantes desilusiones y tal vez se asoma incluso el abismo de la desesperación. ¡Mas nosotros sabemos que Jesús Redentor, muerto, crucificado y resucitado gloriosamente, es nuestra esperanza! «Resucitó Cristo, mi esperanza».  Jesús nos dice que, a pesar de las dificultades de la vida, vale la pena comprometerse con voluntad tenaz y benéfica en la construcción y en el mejoramiento de la "ciudad terrena" con el ánimo siempre en tensión hacia la eterna. El cristiano se entrega generosamente a la realización concreta del bien común, vence el propio egoísmo con el sentido de la solidaridad y con el esfuerzo por la promoción de todo lo que sirve para la dignidad y la integridad de la persona humana. La Iglesia es una comunidad de "servidores", y cada cristiano debe sentirse llamado a hacer cada vez más bella, más unida, más justa la propia ciudad.

(Juan Pablo II en sudiscurso a la peregrinación comunitaria y oficial de la Archidiócesis deNapoles – 24 de marzo de 1979)

La alegría cristiana

 

La alegría cristiana es una realidad que no se describe fácilmente, porque es espiritual y también forma parte del misterio. Quien verdaderamente cree que Jesús es el Verbo Encarnado, el Redentor del hombre, no puede menos de experimentar en lo íntimo un sentido de alegría inmensa, que es consuelo, paz, abandono, resignación, gozo. Decía el Salmista: «¡Gustad y ved cuán bueno es el Señor!» (Sal 33, 9). Y el filósofo y científico francés Blaise Pascal, en la famosa noche de la conversión, escribió en el testamento: «¡Alegría! ¡Alegría! ¡Llanto de alegría!». ¡No apaguéis esta alegría que nace de la fe en Cristo crucificado y resucitado ¡Testimoniad vuestra alegría! ¡Habituaos a gozar de esta alegría!

(Juan Pablo II en sudiscurso a la peregrinación comunitaria y oficial de la Archidiócesis deNapoles – 24 de marzo de 1979)

miércoles, 25 de septiembre de 2024

La Iglesia y la emigración

 

… la emigración es un fenómeno masivo de nuestro tiempo, un fenómeno permanente que se presenta incluso con aspectos nuevos y que afecta a todos los continentes y a casi todos los países. Plantea graves problemas humanos y espirituales. Es una prueba, es decir, un riesgo, una oportunidad, tanto para los emigrantes como para quienes los acogen. Sí, supone para los primeros un riesgo muy serio de desarraigo, deshumanización y, en algunos casos, de descristianización; y para los segundos, un riesgo de cerrazón y tirantez. Pero proporciona también ocasión de enriquecimiento humano y espiritual, de apertura, de acogida a los extranjeros y renovación recíproca en el contacto mutuo. Y para la Iglesia es una invitación a ser más misionera, a salir al encuentro del hermano extranjero, a respetarlo, a testimoniar su fe y caridad en tal contexto y a recibir la aportación positiva del otro. ¿Sabe aprovechar la Iglesia esta oportunidad?

(Juan Pablo II en su discurso al II Congreso Mundial de Pastoral de la Emigración – 15 de marzo de 1979)   

sábado, 21 de septiembre de 2024

¿Por qué debemos orar?

 

1. Debemos orar, lo primero de todo, porque somos creyentes.

2. Pero nosotros somos cristianos, y por esto debemos orar como cristianos.

3. Finalmente, debemos orar también porque somos frágiles y culpables.

(del discursode Juan Pablo II a los jóvenes presentes en la Basílica de San Pedro 14 demarzo de 1979)

Orar siempre

 

El primero de los caminos indicados por Jesús es el de la oración: "Es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer" (Lc 18, 1).

(del discurso de Juan Pablo II a los jóvenes presentes en la Basílica de San Pedro 14 demarzo de 1979)

lunes, 16 de septiembre de 2024

Juan Pablo II : cercanía con el pueblo judío

 

Estoy seguro de que el hecho mismo de este encuentro de hoy, que ustedes tan amablemente han pedido tener, es en sí mismo una expresión de diálogo y un nuevo paso hacia ese más pleno entendimiento mutuo que estamos llamados a conseguir. Al buscar esta meta estamos todos convencidos de ser fieles y obedientes a la voluntad de Dios, el Dios de los Patriarcas y Profetas….. Todos nosotros, judíos y cristianos, oramos frecuentemente a El con las mismas oraciones, tomadas del Libro que ambos consideramos ser la Palabra de Dios. A El pertenece brindar a ambas comunidades religiosas, tan cercanas la una de la otra, aquella reconciliación y amor eficaz que son al mismo tiempo su precepto y su don (cf. Lev 19, 18; Mc 12. 30). En este sentido, creo, cada vez que los judíos recitan el Shema Israel y cada vez que los cristianos recuerdan el primero y segundo mandamiento grande, somos, por la gracia de Dios, traídos a una mayor cercanía.

(JuanPablo II en su discurso a los representantes de las organizaciones judías mundiales– 12 de marzo de 1979)

sábado, 14 de septiembre de 2024

Pensar en el Paraiso

 

¡Debemos pensar en el paraíso! ¡Jugamos la carta de nuestra vida cristiana apostando por el paraíso! Esta certeza y esta espera no desvía de nuestros compromisos terrenos, más aún, los purifica, los intensifica, como lo prueba la vida de todos los Santos. Nuestra vida es un camino hacia el paraíso, donde seremos amados y amaremos para siempre y de modo total y perfecto. Se nace sólo para ir al paraíso.

El pensamiento del paraíso debe volveros fuertes contra las tentaciones, comprometidos en vuestra formación religiosa y moral, vigilantes respecto al ambiente en que debéis vivir, confiados en que, si estáis unidos a Cristo, triunfaréis sobre toda dificultad.

Un gran poeta francés, convertido en su juventud, Paul Claudel, escribía: «El Hijo de Dios no vino a destruir el sufrimiento, sino a sufrir con nosotros. No vino a destruir la cruz, sino a tenderse sobre ella. Nos ha enseñado el camino para salir del dolor y la posibilidad de su transformación» (Positions et propositions).

(JuanPablo II en su alocución a los jóvenes en la parroquia romana de San Basilio –11 de marzo de 1979)

Quien es Jesús?

 

Jesús no es sólo una figura excelsa de la historia humana, un héroe, un hombre representativo: es el Hijo de Dios, como nos recuerda el acontecimiento llamativo de la transfiguración… es el Emmanuel, Dios con nosotros, el amigo divino, ¡el único que tiene palabras de vida eterna! Es la luz en las tinieblas; es nuestra alegría porque sabemos que nos ama a cada uno personalmente. «¿Qué diremos, pues, a esto? —escribía San Pablo a los romanos—. Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? El, que no perdonó a su propio Hijo, antes le entregó por todos nosotros... Cristo Jesús, el que murió, aún más, el que resucitó, el que intercede por nosotros...» (Rom 8, 31-54).

(JuanPablo II en sus palabras a los jóvenes en la parroquia romana de San Basilio –11 de marzo de 1979)


viernes, 13 de septiembre de 2024

La Palabra de Dios fundamento de toda acción sacerdotal

 En una palabra, la primera prioridad de los seminarios hoy en día es la enseñanza de la Palabra de Dios en toda su pureza e integridad, con todas sus exigencias y todo su poder. La Palabra de Dios y sólo la Palabra de Dios, es el fundamento de todo ministerio, de toda actividad pastoral, de toda acción sacerdotal. El poder de la Palabra de Dios fue la base dinámica del Concilio Vaticano II, y Juan XXIII lo puso de manifiesto claramente el día de la inauguración: «Lo que principalmente atañe al Concilio Ecuménico es esto: que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz» (Discurso del Papa del 11 de octubre de 1962).

(del discurso de JuanPablo II a varios rectores de seminarios – 3 de marzo de 1979)

¿Qué sentido tiene la vida?

 

Y consiguientemente, ¿qué sentido tiene la historia humana?

Ciertamente es la pregunta más dramática y también la más noble, que califica verdaderamente al hombre en su naturaleza de persona inteligente y volitiva….. En efecto, el hombre no puede encerrarse en los límites del tiempo, en el círculo de la materia, en el nudo de una existencia inmanente y autosuficiente; puede intentar hacerlo; puede incluso afirmar con palabras y gestos que su patria es sólo el tiempo y que su casa es sólo el cuerpo. Pero en realidad la pregunta suprema lo agita, lo punza y lo atormenta. Es una pregunta que no se puede eliminar.

Sabemos cómo, por desgracia, gran parte del pensamiento moderno, ateo, agnóstico, secularizado, insiste en afirmar y enseñar que la pregunta suprema sería una enfermedad del hombre, una ilusión de género psicológico y sentimental, de la que es necesario curarse, afrontando valientemente el absurdo, la muerte, la nada.

Es una filosofía sutilmente peligrosa, porque sobre todo el joven, todavía frágil en su pensamiento, sacudido por las dolorosas vicisitudes de la historia pasada y presente, por la inestabilidad e incertidumbre del futuro, a veces traicionado en los afectos más íntimos, marginado, incomprendido, desocupado, puede sentirse empujado por esa filosofía a la evasión en la droga, en la violencia o en la desesperación.

Sólo Jesucristo es la respuesta adecuada y ultima a la pregunta suprema acerca del sentido de la vida y de la historia.

(del discurso de JuanPablo II a una representación del Ejercito Italiano 1 de marzo de 1979)

miércoles, 4 de septiembre de 2024

La sacralidad de la vida humana

 

Fiel a la misión recibida de su divino Fundador, la Iglesia ha afirmado siempre, pero con especial fuerza en el Concilio Ecuménico Vaticano II, la sacralidad de la vida humana. ¿Quién no recuerda aquellas palabras solemnes?: "Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo en modo digno del hombre. Por tanto, la vida humana desde su concepción, ha de ser salvaguardada, con el máximo cuidado" (Constitución pastoral Gaudium et spes51). Fortalecidos con esta convicción, los Padres conciliares no dudaron en condenar, sin medios términos, todo "cuanto atenta contra la vida —homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado—; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al trabajador al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana" (ib., 27).

(Juan PabloII discurso al II Congreso Europeo del Movimiento por la Vida – 26 de febrero de1979)

Liberación y conocimiento de la verdad

 

El mismo Jesús vincula la "liberación" al conocimiento de la verdad: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8, 32). En esta afirmación se halla la significación íntima de la libertad que Cristo nos da. La liberación es una transformación interior del hombre, en cuanto consecuencia dimanante del conocimiento de la verdad; se trata de un proceso espiritual de maduración, mediante el cual el hombre se convierte en representante y portavoz de la «justicia y santidad verdaderas» (Ef 4, 24) en los distintos niveles de la vida personal, individual y social. Pero esta verdad no es la simple verdad de carácter científico o histórico; es Cristo mismo —Palabra del Padre encarnada— que puede decir de Sí mismo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Por ello, durante su vida terrena Jesús se opuso reiteradamente y con fuerza, con firmeza y decisión, a la "no-verdad", si bien era consciente de lo que le esperaba.

(JuanPablo II en su discurso a los jóvenes en la Basílica de san Pedro – 21 defebrero de 1979)

lunes, 2 de septiembre de 2024

El juez eclesiástico

 El juez eclesiástico… no sólo deberá tener presente que la «exigencia primaria de la justicia es respetar a las personas» (L. Bouyer, L'Eglise de Dieu, Corps du Christ et temple de l'Esprit, París 1970, 599), sino más allá de la justicia él deberá tender a la equidad, y más allá de ésta, a la caridad (cf. P. Andrieu-Guitrancourt, Introduction sommaire à l'etude du droit en général et du droit canonique en particulier, París 1963, 22).

En defensa de los derechos humanos

 «Al insistir —muy justamente— en la defensa de los derechos humanos, nadie puede perder de vista las obligaciones y deberes que van implícitos en esos derechos. Todos tienen la obligación de ejercer sus derechos fundamentales de modo responsable y éticamente justificado. Todos los hombres y mujeres tienen el deber de respetar en los demás los derechos que reclaman para sí. Asimismo todos debemos aportar la parte que nos corresponde en la construcción de una sociedad que haga posible y factible el disfrute de los derechos y el cumplimiento de los deberes inherentes a tales derechos» (Mensaje a la Organización de las Naciones UnidasL'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 24 de diciembre de 1978, pág. 14).

viernes, 30 de agosto de 2024

Revisar los conceptos del progreso

 

En todos los niveles, nacional e internacional, y por parte de todos los grupos sociales, de todos los sistemas, las realidades nuevas exigen aptitudes nuevas. La denuncia unilateral del otro y el fácil pretexto de las ideologías ajenas, fueren cuales fueren, son coartadas cada vez más irrisorias. Si la humanidad quiere controlar una evolución que se le escapa de la mano, si quiere sustraerse a la tentación materialista que gana terreno en una huida hacia adelante desesperada, si quiere asegurar el desarrollo auténtico a los hombres y a los pueblos, debe revisar radicalmente los conceptos de progreso, que bajo sus diversos nombres, han dejado atrofiar los valores espirituales.

La Iglesia ofrece su ayuda. Ella no teme denunciar con fuerza los ataques a la dignidad humana. Pero reserva lo esencial de sus energías para ayudar a los hombres y grupos humanos, a los empresarios y trabajadores para que tomen conciencia de las inmensas reservas de bondad que llevan dentro, que ellos han hecho ya fructificar en su historia y que hoy deben dar frutos nuevos.

(Juan Pablo II en su discurso a los trabajadores de Monterrey,México, 31 de enero de 1979)

Juan Pablo II al mundo de la información

 

….hace pocas semanas tuve ocasión de charlar con los profesionales que acudieron a informar sobre mi elección e inauguración del pontificado. Hice referencia a esta profesión como una vocación. Uno de los documentos más importantes de la Iglesia, sobre las comunicaciones sociales, declara que “es necesario que el hombre de nuestro tiempo conozca las cosas plena y fielmente, adecuada y exactamente” (Communio et progessio, 34), y proclama que cuando una información así viene facilitada por los medios de comunicación social “todos los hombres se hacen partícipes... de los asuntos de toda la humanidad” (ib., 19). Con vuestro talento y experiencia, vuestra competencia profesional, la necesaria inclinación y los medios que están a vuestra disposición, podéis facilitar este gran servicio a la humanidad. Y sobre todo, como lo mejor de vosotros mismos, queréis ser buscadores de la verdad, para ofrecerla a todo aquel que quiera oírla. Servid ante todo a la verdad, a lo que construye, a lo que mejora y dignifica al hombre.

(Juan Pablo II en su encuentro del 31 de enero de 1979 con los representantes de los medios informativos, México – Viaje a la Republica Dominicana, Mexico  y Bahamas)

jueves, 29 de agosto de 2024

Juan Pablo II al ambiente universitario

 

Queridos hijos que os dedicáis completa o parcialmente al sector universitario católico de vuestros respectivos países, y todos vosotros que, en cualquier ambiente universitario, estáis comprometidos en implantar el Reino de Dios:

— cread una verdadera familia universitaria, empeñada en la búsqueda, no siempre fácil, de la verdad y del bien, aspiraciones supremas del ser racional y bases de sólida y responsable estructura moral;

— perseguid una seria actividad investigadora, orientadora de las nuevas generaciones hacia la verdad, hacia la madurez humana y religiosa;

— trabajad infatigablemente para el progreso auténtico y completo de vuestras Patrias. Sin prejuicios de ningún tipo, dad la mano a quien se propone, como vosotros, la construcción del auténtico bien común;

— unid vuestras fuerzas de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, de laicos, en la programación y realización de vuestros centros académicos y de sus actividades;

— caminad alegres e infatigables bajo la guía de la Santa Madre Iglesia, cuyo Magisterio, prolongamiento del de Cristo, es garantía única para no perder el justo camino, y guía segura hacia la herencia imperecedera que Cristo reserva a quien le es fiel.

Os encomiendo a todos a la Eterna Sabiduría: “esplendente e inmarcesible es la sabiduría; fácilmente se deja ver de los que la amen y es hallada por los que la buscan” (Sab 6, 12).

(Juan Pablo II en sudiscurso a los universitarios católicos de México – 31 de enero de 1979)

Elegidos por Dios en una historia incompleta

 Dios que es verdad y es amor se nos ha manifestado en la historia de la creación y en la historia de la salvación: una historia incompleta aún, la de la humanidad, que “aguarda impaciente a que se revele lo que es ser hijos de Dios” (cf Rm 8, 18). El mismo Dios nos ha escogido, nos ha llamado para infundir nueva fuerza en esa historia, ahora ya sabiendo que la salvación “es don de Dios, no viene de las obras, y que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús” (Ef 1, 8-10). Una historia que es en los designios de Dios, también la nuestra, porque nos quiere obreros en su viña (cf. Mt 20, 1-16), nos quiere embajadores suyos para salir al encuentro de todos e invitarlos a entrar en su banquete (cf. ib., 22, 1-14), nos quiere samaritanos, que usan misericordia con el prójimo desvalido (cf. Lc 10, 30ss.).

(Juan Pablo II en su discurso a los seminaristas mayores, diocesanos y religiosos en el Seminario de Guadalajara – 30 de enero de 1979 – Viaje a la República Dominicana, México  y Bahamas)

sábado, 24 de agosto de 2024

El concepto cristiano del trabajo

 

Existe un concepto cristiano del trabajo, de la vida familiar y social que encierra grandes valores y que reclama criterios y normas morales que orienten a quien cree en Dios y en Jesucristo, para que el trabajo se realice como una verdadera vocación de transformación del mundo, en un espíritu de servicio y de amor a los hermanos, para que la persona humana se realice aquí mismo y contribuya a la humanización creciente del mundo y de sus estructuras.

El trabajo no es una maldición, es una bendición de Dios que llama al hombre a dominar la tierra y a transformarla, para que con la inteligencia y el esfuerzo humano continúe la obra creadora y divina..

(del discurso de Juan Pablo II a los obreros deGuadalajara, México, 30 de enero de 1979)

Contemplar: encontrar el modo específico de extender el Reino de Dios

El ser contemplativa no supone cortar radicalmente con el mundo, con el apostolado. La contemplativa tiene que encontrar su modo específico de extender el Reino de Dios, de colaborar en la edificación de la ciudad terrena, no sólo con sus plegarias y sus sacrificios, sino con su testimonio silencioso, es verdad, pero que pueda ser entendido por los hombres de buena voluntad con los que esté en contacto.

Para ello tenéis que encontrar vuestro estilo propio que, dentro de una visión contemplativa, os haga compartir con vuestros hermanos el don gratuito de Dios.

miércoles, 21 de agosto de 2024

El laicado católico y la “Iglesia domestica”

 

La salvaguardia, promoción, santificación y proyección apostólica de la vida familiar deben contar a los laicos católicos entre sus agentes más decididos y coherentes. Célula básica del tejido social, considerada por el Concilio Vaticano II como “Iglesia doméstica”, exige un esfuerzo evangelizador, para potenciar sus factores de crecimiento humano y cristiano y superar los obstáculos que atentan contra su integridad y finalidades.

Los “mundos” emergentes y complejos de los intelectuales y universitarios, del proletariado, técnicos y dirigentes de empresa, de los vastos sectores campesinos y poblaciones suburbanas sometidas al impacto acelerado de cambios económico-sociales y culturales, reclaman una particular atención apostólica, a veces casi misionera, por parte del laicado católico en la proyección pastora! del conjunto de la Iglesia.

(Juan Pablo II en sudiscurso delo 29 de enero de 1979 a las organizaciones católicas nacionales de México– Viaje a la Republica Dominicana, México y Bahamas)

"Un analfabeto es un espíritu subalimentado"

 

No es posible permanecer indiferente ante el grave problema del analfabetismo o semi-analfabetismo.

En uno del los momentos decisivos para el futuro de América Latina, hago un fuerte llamado en nombre de Cristo a todos los hombres y, de modo particular, a vosotros los jóvenes, para que prestéis hoy y mañana vuestra ayuda, servicio y colaboración en esta tarea de escolarización. Mi voz, mi súplica de Padre si dirige también a los educadores cristianos para que, con su aportación favorezcan la alfabetización y “culturización”, con una visión integral del hombre. No olvidemos que “un analfabeto es un espíritu subalimentado” (Populorum progressio, 35).

(Juan Pablo II en sudiscurso del 30 de enero de 1979 a los estudiantes del Instituto Miguel Ángel, dela ciudad de México – Viaje a la Republica Dominicana, México y Bahamas)

jueves, 15 de agosto de 2024

Asunción de María alegrémonos por su eterna gloria

 

“La que concibió en su seno virginal y trajo al mundo al Hijo de Dios, Verbo Eterno, experimenta hoy la perfecta glorificación del alma y del cuerpo en el tabernáculo de la Santísima Trinidad. Y nuestros corazones, como siempre, también hoy, pero hoy más que nunca, se dirigen a Ella con toda la sencillez y la confianza de los niños. ¡Alegrémonos por la eterna gloria de la Madre de Cristo y Madre nuestra!”
(Beato Juan Pablo II – Ángelus viernes 15 de agosto de 1980 Solemnidad de la Asunción de la Virgen María)

sábado, 10 de agosto de 2024

Ser Pastores y Maestros de la verdad

 Como Pastores tenéis la viva conciencia de que vuestro deber principal es el de ser maestros de la verdad. No de una verdad humana y racional, sino de la Verdad que viene de Dios; que trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32); esa verdad que es la única en ofrecer una base sólida para una “praxis” adecuada.

Vigilar por la pureza de la doctrina, base en la edificación de la comunidad cristiana, es pues, junto con el enuncio del Evangelio, el deber primero e insustituible del Pastor, del Maestro de la fe. Con cuánta frecuencia ponía esto de relieve San Pablo, convencido de la gravedad en el cumplimiento de este deber (cf 1Tim 1,3-7; 18-20; 11,16; 2Tim 1, 4-14). Además de la unidad en la caridad, nos urge siempre la unidad en la verdad

(del discurso de JuanPablo II en la inauguración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,Puebla, México – 28 de enero de 1979)

El derecho a la paz y a la seguridad

 

Si vuestra misión es, en primer lugar, la defensa y promoción de los legítimos intereses de vuestras respectivas naciones, la interdependencia ineludible que vincula cada vez más en nuestros días a todos los pueblos del mundo, invito a todos los diplomáticos a hacerse, con espíritu siempre renovado y original, los artífices del entendimiento entre los pueblos, de la seguridad internacional y de la paz entre las Naciones.

Vosotros sabéis muy bien que todas las sociedades humanas, nacionales o internacionales, serán juzgadas en este campo de la paz por la aportación que hayan dado al desarrollo del hombre y al respeto de sus derechos fundamentales. Si la sociedad debe garantizar, en primer lugar, el disfrute de un derecho verdadero a la existencia y a una existencia digna, no se podrá desligar de este derecho otra exigencia también fundamental y que podríamos llamar el derecho a la paz y a la seguridad.

(Del discurso de JuanPablo II al Cuerpo diplomático acreditado en Méxicio – Viaje a la RepublicaDominicana, México y Bahamas – 26 de enero de 1979)

miércoles, 7 de agosto de 2024

Oracion a la Madre de Guadalupe

 Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,

a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Comunion entre obispos, clero, religiosos y laicado

 

La comunión entre obispos, clero y religiosos construye la comunión con el laicado, que con toda la riqueza de dones y aspiraciones, capacidades e iniciativas, tiene un papel decisivo en la obra de evangelización del mundo contemporáneo. En la Iglesia pueden existir legítimamente diversos grados de conexión con el apostolado jerárquico, y múltiples formas de compromiso en el campo pastoral. De la aceptación cordial de todas las fuerzas de inspiración claramente católica y de su valoración en los planos de acción pastoral, sólo pueden derivarse ventajas seguras para la presencia cada vez más incisiva de la Iglesia en el mundo.

(del discursode Juan Pablo II al Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Italiana, 23de enero de 1979)


lunes, 29 de julio de 2024

Porque tanta violencia?

  ¿Por qué tanta violencia hoy? Quizá es preciso buscar el origen en esas concepciones, en esos grupos que han proclamado e inculcado especialmente en la conciencia de los jóvenes, como ideal de vida: la lucha contra el otro, el odio contra quien piense u obre de manera distinta, la violencia como único medio para el progreso social o político. Pero la violencia engendra violencia; el odio engendra odio; y ambos humillan y envilecen a la persona humana. Los cristianos no pueden olvidar lo que nos recuerda el Concilio Vaticano II: "No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios y la relación del hombre para con los hombres, sus hermanos, están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: 'El que no ama, no conoce a Dios' (1 Jn 4, 8)" (Nostra aetate, 5).

viernes, 26 de julio de 2024

Los derechos del niño - El niño y la verdad (3 de 3)

 

El niño tiene derecho asimismo a la verdad, dentro de una enseñanza que tenga en cuenta los valores éticos fundamentales, y haga posible una educación espiritual de acuerdo con la filiación religiosa del niño, la orientación que deseen legítimamente los padres y las exigencias de una libertad de conciencia bien entendida, para la que el joven debe ser preparado y formado a lo largo de toda la infancia y la adolescencia. En este punto es normal que la Iglesia pueda hacer valer las responsabilidades que le son propias.

(Del discurso de JuanPablo II al Comité de Periodistas europeos para los derechos del niño y de laComisión Italiana del Año Internacional del Niño – 13 de enero de 1979)


Los derechos del niño - El niño y la familia (2 de 3)

 

El niño debe crecer dentro de su familia puesto que los padres siguen siendo "sus primeros y principales educadores", y "cuando la educación de los padres falta, difícilmente puede suplirse" (Gravissimum educationis, 3). Ello es una exigencia del ambiente de afecto y seguridad moral y material requerida por la psicología del niño; hay que añadir que la procreación funda ese derecho natural que es también "obligación grave" (Gravissimum educationis, 3). E incluso la existencia de vínculos familiares más amplios con los hermanos y hermanas, abuelos y otros familiares más próximos, es un elemento importante —que hoy día se tiende a descuidar— para el equilibrio armónico del niño.


(Del discurso de JuanPablo II al Comité de Periodistas europeos para los derechos del niño y de laComisión Italiana del Año Internacional del Niño – 13 de enero de 1979)

Los derechos del niño (1 de 3)

 

La Santa Sede piensa que se puede hablar también de los derechos del niño ya desde el momento de ser concebido y, sobre todo, del derecho a la vida, pues la experiencia nos demuestra cada día más que ya antes del nacimiento el niño tiene necesidad de protección especial de hecho y de derecho..

El niño tiene derecho a nacer en una familia verdadera, pues es de importancia capital que se beneficie ya desde el principio, de la aportación conjunta del padre y de la madre unidos en matrimonio indisoluble.

(Del discurso de JuanPablo II al Comité de Periodistas europeos para los derechos del niño y de laComisión Italiana del Año Internacional del Niño – 13 de enero de 1979)

sábado, 13 de julio de 2024

El bien común de la humanidad

 

Hay un bien común de la humanidad en el que están en juego graves intereses que requieren la acción concertada de los Gobiernos y de todos los hombres de buena voluntad: la garantía de los derechos humanos, problemas de la alimentación, sanidad, cultura, cooperación económica internacional, reducción de armamentos, eliminación del racismo... ¡El bien común de la humanidad! Una "utopía" que el pensamiento cristiano persigue sin cansarse, y que consiste en la búsqueda incesante de soluciones justas y humanas, teniendo en cuenta a un tiempo el bien de las personas y el bien de los Estados, los derechos de cada uno y los derechos de los demás, los intereses particulares y las necesidades generales.

En el bien común encuentran motivación no sólo las enseñanzas sociales de la Sede Apostólica, sino también las iniciativas que le resultan posibles en el marco del campo que le es propio…Bien vemos que la humanidad está dividida de muchas maneras. Se trata también, y antes que nada, de divisiones ideológicas vinculadas a sistemas estatales diferentes. La búsqueda de soluciones que permitan a las sociedades humanas cumplir las propias tareas y vivir en justicia, es quizá el signo principal de nuestro tiempo. Hay que respetar todo lo que pueda favorecer esta gran causa, sea en el régimen que fuere. Hay que sacar provecho de las experiencias mutuas. En contraposición a ello, no sería posible transformar esta búsqueda multiforme de soluciones, en programas de lucha para asegurarse el poder en el mundo, sea el que fuere el imperialismo que encubra dicha lucha. Sólo en esta línea podemos conjurar la amenaza de las armas modernas, sobre todo del armamento nuclear que sigue preocupando tanto al mundo moderno.

(Deldiscurso de Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede –12 de enero de 1979)

La maternidad espiritual de Maria

 

Fue precisamente al pie de la cruz, donde la maternidad espiritual de María llegó en cierto sentido a su momento clave. «Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo» (Jn 19, 26). Así vinculaba Jesús, de forma nueva, a María, su Madre, con el hombre; con el hombre al que había entregado el Evangelio.

Jesús la vinculó entonces a cada hombre, como la vincula después a la Iglesia, el día de su nacimiento histórico, es decir, el día de Pentecostés. Desde ese día toda la Iglesia la tuvo como Madre, y todos los hombres la tienen como Madre. Entienden las palabras pronunciadas desde lo alto de la cruz como dirigidas a cada uno de ellos. La maternidad espiritual no conoce límites; se extiende en el tiempo y en el espacio y llega a todos los corazones humanos. Llega a todas las naciones y viene a ser piedra angular de la cultura humana. Maternidad: realidad humana grande, espléndida, fundamental, presente al comienzo de los tiempos en el plan del Creador, ratificada solemnemente en el misterio del nacimiento de Dios, al que ahora ya permanece inseparablemente unida.

(JuanPablo II en sus palabras a los jóvenes en la Basilica de San Pedro, 10 de enerode 1979)

viernes, 21 de junio de 2024

La familia es insustituible

 

La familia es insustituible y, como tal, ha de ser defendida con todo vigor. Es necesario hacer lo imposible para que la familia no sea suplantada. Lo requiere no sólo el bien "privado" de cada persona, sino también el bien común de toda sociedad, nación y estado. La familia ocupa el centro mismo del bien común en sus varias dimensiones, precisamente porque en ella es concebido y nace el hombre. Es necesario hacer todo lo posible para que desde su momen­to inicial, desde su concepción, este ser humano sea querido, esperado, vivido como valor particular único e irrepetible. Debe sentirse importante, útil, amado y valorado, incluso si está inválido o es minusválido; es más, por esto precisamente más amado aún.

(JuanPablo II en las palabras a los jóvenes en la Basílica de San Pedro – 3 de enerode 1979)

La familia, lugar privilegiado

 

Como en Nazaret, Dios se hace presente también en todas las familias y se integra en el acontecer humano. Pues la familia, que es la unión del hombre y la mujer, está encaminada por su propia naturaleza a la procreación de nuevos hombres que van acompañados a lo largo de la existencia en el crecimiento físico y, sobre todo, en el crecimiento moral y espiritual, a través de una obra educativa diligente. Por consiguiente, la familia es el lugar privilegiado y el santuario donde se desarrolla toda la aventura grande e intima de cada persona humana irrepetible. Incumben a la familia, por tanto, deberes fundamentales, cuyo cumplimiento no puede dejar de enriquecer abundantemente a los responsables principales de la misma familia, haciendo de ellos los cooperadores más directos de Dios en la formación de nuevos hombres.

(JuanPablo II de las palabras a los jóvenes en la Basílica de San Pedro – 3 de enerode 1979)

Poder iluminar y convencer

 

Para poder comprometer auténticamente el tiempo propio y las propias capacidades en la salvación y santificación de las almas, primera y principal misión de la Iglesia, es necesario ante todo tener certeza y claridad sobre las verdades que se deben creer y practicar. Si hay inseguridad, incertidumbre, confusión, contradicción, no se puede construir. Especialmente hoy es necesario poseer una fe iluminada y convencida, para poder iluminar y convencer. El fenómeno de la "culturización" de masas exige una fe profunda, clara, segura.

(Del discurso de Juan Pablo II a los miembros de la Acción Católica Italiana  30 de diciembre de 1978)

viernes, 7 de junio de 2024

Esencia de una escuela cristiana

 En una época como la nuestra es urgente, más que en el pasado, conservar la imagen —la tipología, diría— de una escuela cristiana que, dentro de la observancia siempre leal de las normas generales de la competente legislación escolar del respectivo país, asume como su punto de partida y además como su meta de llegada el ideal de una educación integral —humana, moral y religiosa— según el Evangelio de Nuestro Señor. Antes que los programas de estudio, antes que los contenidos de los diversos cursos de enseñanza —vosotros lo sabéis bien— para una escuela auténticamente cristiana es y será siempre esencial esta referencia indeclinable a la pedagogía superior y trascendente de Cristo-Maestro. Privada de esto, le faltaría la fuente misma de inspiración, le faltaría su eje central, le faltaría el elemento específico que la define y caracteriza entre las otras estructuras organizativas didácticas, o los otros centros de promoción cultural.

lunes, 3 de junio de 2024

Juan Pablo II a los médicos católicos (3 de 3)

 

El Papa une su voz gustosamente a la de todos los médicos de recta conciencia y hace propias sus demandas fundamentales: en primer lugar, la de ver reconocida la naturaleza más íntima de su noble profesión, que los quiere servidores de la vida y nunca instrumentos de muerte; también un respeto pleno y total, en la legislación y en la práctica, a su libertad de conciencia, entendida como derecho fundamental de la persona para no ser forzada a obrar contra la propia conciencia, ni se le impida comportarse de acuerdo con ella; finalmente, una indispensable y firme protección jurídica de la vida humana en todos sus estadios, también en las adecuadas estructuras activas que favorecen la acogida gozosa de la vida naciente, la promoción eficaz durante su desarrollo y madurez, y su tutela cuidadosa y delicada cuando comienza su decadencia y hasta su muerte natural.

(Del discursode Juan Pablo II a la Asociación de Médicos Católicos Italianos)